Por mi experiencia como autoridad educativa en varios gobiernos democráticos, conozco y he participado de cerca en los procesos de transferencia de la gestión ministerial de un gobierno a otro. Cuando concluye la segunda vuelta electoral, el partido ganador designa una “comisión de transferencia” en cada sector del Ejecutivo. Generalmente, suelen integrarlas profesionales que intervinieron en la formulación y/o revisión de los planes de gobierno sectoriales. En varios casos son equipos mixtos o con nuevos técnicos. No es raro que algunos de sus miembros supongan que luego ocuparán cargos en la nueva administración gubernamental como ministros, viceministros, directores o asesores, lo que no siempre ocurre.
El problema aparece cuando algunos integrantes llegan con exceso de protagonismo, intentando interferir inconvenientemente en las funciones de las autoridades vigentes e incluso intentar tomar decisiones que no les corresponden. Lo señalo para que los gestores en funciones estén preparados y sugerirles, demás, que su gestión gubernamental en los meses que les quedan mantenga su atención, por supuesto, en lo sustantivo.
En el Ministerio de Educación es indispensable asegurar la continuidad del servicio educativo en todo el país y sostener las medidas en desarrollo, sin postergar aquellas decisiones que les corresponde durante su mandato. Las comisiones de transferencia deben tener claro que el nuevo gobierno se inicia recién el 28 de julio y que su rol es facilitar un traspaso ordenado y funcional para que las nuevas autoridades que se designen desarrollen su gestión gubernamental, en mi opinión, en un contexto de continuidad de lo que está bien y de cambio de lo que es necesario.




