El presidente que asuma funciones el próximo 28 de julio va a recibir en sus manos una verdadera bomba de tiempo, que es la grave situación de los penales, donde el hacinamiento, la falta de control y la corrupción hacen imposible que sean útiles en la lucha contra la criminalidad que opera desde dentro de las cárceles con total impunidad. Todos saben desde hace años qué sucede allí, pero durante décadas nadie ha tenido voluntad política de trabajar para poner orden.Por eso, hoy que todos los candidatos se creen Nayib Bukele y dicen que van a aplicar la pena de muerte con la facilidad con la que se va a comprar pan para el desayuno, sería bueno exigirles que dejen de lado la demagogia y planteen propuestas viables para acabar con el desmadre de los penales, donde con un poco de dinero puedes contar con una celda dorada o acceder a teléfonos celulares con conexión a internet para hacer llamadas extorsivas u ordenar asesinatos.También es necesario saber qué van a hacer con los inmigrantes, especialmente venezolanos, que llegan a delinquir. Eso de expulsarlos en el acto es pura mentira, pues por un lado, nadie quiere recibir a esos indeseables, y por otro, nuestras leyes dicen que primero deben cumplir acá sus condenas y que luego recién podrían ser echados por donde vinieron. Esto también se ha prestado a mucha demagogia no solo de candidatos, sino también de gobiernos como los de Martín Vizcarra y Pedro Castillo.Pero volviendo a las cárcles, engaños ya hemos tenido muchos. Recordemos cuando en agosto del año pasado la entonces presidenta Dina Boluarte y su ministro de Justicia, Juan José Santiváñez, hoy candidato el Senado por el partido de César Acuña, se burlaron de los peruanos con el cuento de construir un penal nuevo en la isla El Frontón pese a que se sabe que eso es inviable. Se les dijo en todos los idiomas. Fue una tomadura de pelo, una cortina de humo mientras en las calles los delincuentes mataban y matan todos los días.Nadie podrá poner freno a la inseguridad en las calles, si las cárceles siguen como están. Vean cómo están Lurigancho, Sarita Colonia, El Milagro. De qué vale arrestar a delincuentes y ponerles hasta cadena perpetua, si con un teléfono celular y algunas horas de internet obtenidas con el pago de una coima, pueden seguir operando desde adentro. Incluso en el supuestamente superseguro penal de Challapalca, en las alturas de Tacna, se han detectado antenas para facilitar la comunicación con el exterior.

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