Ayer en este espacio comentaba de las pésimas gestiones municipales de Ricardo Belmont al frente de la ciudad de Lima, y de cómo hizo dinero con un canal de televisión que logró montar con dinero pedido a gente que jamás obtuvo un beneficio a cambio. Sin embargo, también es bueno recordar sus nexos recientes con gente tan dudosa y hasta lumpenesca como el propio Pedro Castillo, al que sirvió como asesor y al que, incluso, ha ofrecido indultar en caso de ganar estas elecciones.

En sus últimos años, Belmont tuvo un giro en su línea política y terminó convertido en un izquierdista radical, por más que ahora aparezcan en las redes algunos videos hablando pestes de los camaradas. Incluso en el 2018 fue candidato a la Alcaldía de Lima por el partido de Vladimir Cerrón, cuando Perú Libre tenía otro nombre. La postulante al municipio de Surquillo fue nada menos que Dina Boluarte. Luego, “el hermanón” fue asesor de Castillo, al que visitaba en Palacio de Gobierno.

Pero lo peligroso de Belmont es descubrir a quién lleva como candidato a la primera vicepresidencia. El “número dos” de la plancha es Daniel Barragán Coloma, un antiguo seguidor del asesino Antauro Humala que en 2022, durante el putrefacto gobierno de Castillo, asumió el cargo de ministro de Defensa y renunció días antes del golpe de Estado. Este hombre sería el presidente del Perú en caso de que el candidato de la agrupación Obras gane, y luego sea vacado o deje el cargo por cualquier otra razón.

La candidata a segunda vicepresidenta es también un peligro. Se trata de Diana Irene Hancco Hannco, quien tiempo atrás fue condenada a tres años y seis meses de prisión suspendida por el delito de contrabando. Ella también podría acabar en Palacio de Gobierno, en un país donde en los últimos diez años los jefes de Estados titulares han sido echados por la puerta falsa. Recordemos que al votar por un candidato presidencial, lo hacemos al mismo tiempo por quienes integran su plancha.

De otro lado, ¿alguien conoce el programa que piensa aplicar Belmont en caso de ganar? Lo único que se sabe respecto al principal problema que es la inseguridad en las calles, es que el hombre no piensa poner mano dura que es lo que la ciudadanía exige, sino “cambiando el espíritu de la gente con educación”, esto mientras en las calles están matando, robando, extorsionando. Se quedó en los años 80, cuando los máximos delitos eran el robo de autos y el arrebato de carteras. ¿Así quiere ser presidente?