En una reunión de trabajo en la Universidad Politécnica, donde laboro como asesor, surgieron casos cuando trabajábamos el silabo de un curso denominado “Currículo por competencias y evaluación formativa”. Ocurre que coincidimos que  muchos padres de familia tienen dudas legítimas sobre cómo aprenden y cómo se evalúa hoy a sus hijos. Por eso vale la pena poner estas preguntas sobre la mesa.

La más frecuente: ¿qué es una competencia de aprendizaje? En términos sencillos, no se trata sólo de saber las cosas, sino de saber usarlas. Una competencia integra con sinergia, conocimientos, capacidades mentales y motrices y actitudes-valores para enfrentar situaciones reales de la vida cotidiana. Es aprender para comprender, decidir y actuar, no solo para repetir memorísticamente contenidos como en las asignaturas tradicionales.

Otra pregunta recurrente: ¿por qué ya no se suman notas y valen los  niveles AD, A, B y C del último bimestre del año? La respuesta es que la evaluación ahora acompaña el proceso de enseñanza-aprendizaje. El docente observa cómo progresa o tiene dificultades el estudiante durante el año y se valora el nivel que logra alcanzar en los tres bimestres anteriores, con una mirada de proceso para ayudarlo en una perspectiva recuperadora y formativa.

Finalmente, los padres se preguntan ¿qué diferencia hay entre un curso y un área educativa? Hoy los aprendizajes se organizan por áreas integradas porque la vida no está dividida en materias. Un ejemplo es Comunicación, que reúne lectura, escritura, expresión oral y audiovisual, así como desempeños digitales.

Estas, y otras preguntas, no son un problema. Entender cómo aprenden nuestros hijos es fundamental para  acompañarlos mejor educativamente, en nuestros tiempos, en casa.