Cada año, miles de jóvenes peruanos se presentan a la admisión universitaria basados en sus notas y exámenes de ingreso a las universidades. Se asume que quienes obtienen los puntajes más altos son talentosos y quienes tienen promedios escolares menores o no alcanzan una vacante por los exámenes de admisión son menos capaces.
Pero cabe preguntarse: ¿habrían detectado esas notas y exámenes el talento de Lionel Messi para anticipar jugadas en fracciones de segundo? ¿La creatividad y capacidad de comunicación global de Shakira? ¿La visión empresarial de Elon Musk o Bill Gates? ¿La capacidad de liderazgo de Trump, Xi Jinping, Putin o el papa León XIV?
La idea de que las notas escolares, los puntajes en las ENLA y los exámenes de admisión permiten predecir el éxito profesional es un mito que merece ser revisado porque esas mediciones no identifican el talento singular de una persona.
La creatividad, el liderazgo, la perseverancia, la capacidad de asumir riesgos, la influencia sobre otros, la resiliencia frente al fracaso, la sensibilidad artística o la visión de futuro rara vez aparecen reflejadas en una prueba estandarizada.
Cuando la educación gira en torno a exámenes y puntajes, los colegios terminan entrenando para responder preguntas conocidas, premiando la homogeneidad antes que la diferencia.
¿Cuántos futuros innovadores, artistas, científicos, emprendedores o líderes estamos dejando de reconocer por confundir desempeño académico con potencial humano, precisamente cuando el mundo valora cada vez más la creatividad, la innovación, la resiliencia y la capacidad de adaptarse al cambio?




