Un buen consejo a los jóvenes de hoy sobre qué carrera no estudiar sería: Educación. Hay cerca de medio millón de docentes –muchos ya frustrados– trabajando en colegios junto a decenas de miles de titulados buscan una plaza, y otros tantos estudiando para ingresar a un mercado saturado, con salarios modestos, escaso prestigio, limitadas oportunidades, denuncias abusivas y una burocracia que ahoga la vocación.
Las normas privilegian la sanción antes que el reconocimiento. La desconfianza reemplazó a la autonomía profesional. Innovar suele ser más riesgoso que obedecer. Los directores administran más que lideran. Los maestros llenan plataformas, protocolos y registros cuando deberían dedicar ese tiempo a pensar cómo aprenden mejor sus estudiantes.
Mientras el Perú sigue discutiendo reglamentos, plataformas y sanciones, unos pocos países entendieron la urgencia de dar un gran giro. Por ejemplo Singapur, Estonia y Finlandia entendieron que la excelencia exige confiar en sus maestros, reducir controles innecesarios y fortalecer su desarrollo profesional.
Hace falta en el Perú devolver autoridad a directores y docentes, eliminar burocracia y construir una cultura de confianza.
Y por eso termino como empecé. No estudien Educación para convertirse en los últimos maestros de una escuela que agoniza. Háganlo solamente si los primeros pasos del próximo gobierno ofrecen evidencias de que podrán convertirse en los primeros maestros de la escuela que el Perú necesita, pero todavía no se atreve a construir. Mientras tanto, piensen bien si estudiar para ser maestros es su mejor opción.




