La desactivación de la bancada de Podemos Perú debe ser un punto de análisis para evitar que este tipo de situaciones vuelva a ocurrir en el Congreso: grupos políticos armados cual fichajes de fútbol con intereses personales, con el único objetivo de sobrevivir a salto de mata. Por eso, el nuevo Legislativo debería poner candados que eviten la aparición de saltimbanquis y asegure la legitimidad del voto.
Veamos. Si un grupo de ciudadanos vota por un partido para diputados y senadores, lo hace con la convicción de que su elección se vea reflejada en las propuestas e ideas de los legisladores. Sin embargo, qué es lo que pasa cuando decides por “a” y se convierte en “b” entre gallos y medianoche. ¿No sería embuste? De acuerdo. No se trata de desavenencias por ideas políticas, sino por intereses particulares.
Lo mismo ocurre con algunos congresistas que fueron expectorados de sus partidos por temas no aclarados. Algunas agrupaciones aprovechan estas salidas para robustecerse y negociar desde otra perspectiva. De esta manera, bancadas minúsculas por voto popular terminan con un gran número de reciclados ocupando más comisiones de las que se merecen. Esta es otra manera de hacer política.
Por eso es que los ciudadanos están defraudados del Congreso, como lo estaría cualquier persona que compra un producto dulce y termina con un sabor amargo. La idea no es que haya una restricción a la libertad de pensamiento o ideología; pero, sí un control a la reagrupación de bancadas. Porque, como ustedes saben, algunos monos bailan con la plata, y no es saludable para el país que el nuevo Parlamento se convierta en un mercado persa.




