Hace unos 20 años no vivíamos una ola de secuestros como la que ahora ahoga la tranquilidad de la ciudadanía. Este tipo de crimen había desaparecido porque ya no era rentable para los delincuentes y, además, corrían altos riesgos para cobrar la recompensa. Sin embargo, algún fenómeno social -relacionado a la inmigración- ha traído de vuelta este grave delito. ¿Qué está haciendo el Estado para combatirlo?
Dos décadas atrás no había la tecnología de ahora. Por lo tanto, ¿la Policía tiene más herramientas para frenar los secuestros? Por ahora, lamentablemente, se desconoce la cantidad de delitos frustrados por los agentes del orden. En los medios de comunicación solo vemos las crónicas de cómo grupos de delincuentes plagian y asesinan a sus víctimas por no cumplir con los pagos.
Sabemos que los ciudadanos debemos contar con mejores medidas de seguridad, pero no queremos vivir en paranoia sino en paz. Precisamente, esa tranquilidad la brinda la Policía a través del resultado de su trabajo. ¿Por qué ahora no pasa lo mismo? No vemos por ahora que se hayan reducido los casos de secuestros, sino un incremento en el grado de violencia. ¿Tiene algo que ver con el ingreso de extranjeros?
Lamentablemente, justos están pagando por pecadores. La gestión de PPK, de abrirles las puertas a los ciudadanos venezolanos que huían de la desastrosa política chavista, no tuvo un filtro para reducir el ingreso de gente con antecedentes policiales. Con el cáncer por dentro, tampoco hubo una mejora en la estrategia policial para mitigar el impacto delincuencial.
Con el problema en casa, solo nos queda confiar en que la Policía refuerce la estrategia de su división criminal contra secuestros. De igual modo, que el Ministerio Público cumpla con su deber de no soltar a los intervenidos, quienes muchas veces son reincidentes, y que el Poder Judicial emite sentencias ejemplares.




