No, no es Joaquín Sabina en su canción Peces de ciudad. Aunque podría serlo. Es, más bien, una imagen bastante precisa del Perú de hoy: un país que avanza, sí, pero sin rumbo claro, sacudido por sus propias tensiones y por un contexto internacional caracterizado cada vez más por la incertidumbre.

Navegamos en aguas movidas —eso no es nuevo—, pero lo preocupante es hacerlo sin dirección. Porque una cosa es enfrentar olas, y otra muy distinta es no saber hacia dónde se quiere ir. Y ahí es donde está el problema: no hay timón, y el timonel no aparece.

Lo más inquietante es que ni siquiera aquello que generaba consenso logra hoy captar atención. Programas como Beca 18 o Becas Bicentenario no solo eran políticas públicas efectivas, sino también políticamente positivas. Apostaban por el talento, por la movilidad social, por el mérito. Y aun así, han dejado de ser prioridad. Ni siquiera eso parece interesar. El resultado es más profundo de lo que parece: generaciones que ven cómo sus oportunidades se diluyen, sus sueños se postergan y su esfuerzo pierde sentido frente a la indiferencia.

Mientras tanto, la política juega a otra cosa. Más que construir rumbo, parece administrar intereses. El tablero se mueve, pero no necesariamente en la dirección correcta. Y cuando la política se desconecta de la gente, lo que queda no es indiferencia: es frustración.

Por eso el desánimo crece. Porque nadie espera épica, pero sí cierta claridad. Saber hacia dónde vamos. Tener, al menos, la sensación de que alguien está al mando.

Porque un país puede resistir tormentas. Lo que no resiste es navegar sin timón ni timonel.

Canal oficial de WhatsApp
📍 Noticias · Política · Mundo· Actualidad