Las olas de calor se están volviendo más frecuentes e intensas en el Perú y ya no representan solo un problema ambiental. El calor extremo impacta directamente en la economía y en la vida diaria de miles de familias, especialmente en la Costa Norte.
De acuerdo con el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú, en diciembre de 2025 se registraron 202 olas de calor diurnas y 46 nocturnas a nivel nacional. Para la primera semana de febrero de 2026 se esperan temperaturas elevadas en Lambayeque (30 °C a 36 °C) y Piura (32 °C a 37 °C), acompañadas de altos niveles de radiación ultravioleta.
Este escenario térmico, intensificado por el cambio climático, afecta la salud y reduce la productividad laboral, especialmente en actividades realizadas al aire libre.
Millones de trabajadores expuestos al calor
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, al menos 4 millones de personas trabajan en actividades al aire libre en el país, lo que las hace particularmente vulnerables a la pérdida de ingresos por la reducción de la productividad asociada a las altas temperaturas.
“El calor extremo reduce la capacidad laboral. En 2023, este fenómeno generó pérdidas globales de ingresos por 835 mil millones de dólares, una cifra que supera en más de tres veces el PBI del Perú”, señaló César García, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo.
Agricultura, construcción y comercio: los más vulnerables
La agricultura es uno de los sectores más afectados. En Lambayeque trabajan alrededor de 140 mil personas en esta actividad, mientras que en Piura la cifra alcanza las 280 mil.
La Organización Internacional del Trabajo advierte que cuando la temperatura supera los 33 °C, los trabajadores pueden perder hasta el 50 % de su capacidad laboral, afectando directamente las cosechas y los ingresos familiares.
A ello se suma la estimación del Banco Interamericano de Desarrollo, que calcula que el impacto del calor extremo podría reducir hasta un tercio del PBI agrícola del Perú.
En el sector construcción, el trabajo físico bajo altas temperaturas incrementa el riesgo de deshidratación y agotamiento, obligando a pausas más frecuentes y generando retrasos y mayores costos en las obras.
El comercio ambulatorio también enfrenta dificultades: más de 10 mil vendedores en Lambayeque y cerca de 9 mil en Piura trabajan en espacios públicos sin protección adecuada, lo que reduce sus horas de trabajo y sus ventas diarias.
Viviendas y colegios que agravan el impacto del calor
Las olas de calor nocturnas representan un riesgo adicional, ya que el cuerpo no logra recuperarse del estrés térmico acumulado durante el día. Este problema se agrava por las condiciones de vivienda.
Según el INEI (2024), el 51 % de los hogares en Lambayeque y el 77 % en Piura tienen techos de calamina, estera o fibra de cemento, materiales que retienen el calor y dificultan el descanso.
En el ámbito educativo, el calor extremo afecta la concentración y el rendimiento de estudiantes y docentes. Datos del Ministerio de Educación (2025) indican que el 50 % de los colegios en Lambayeque y el 52 % en Piura no cuentan con acceso adecuado a agua, lo que limita la higiene y la adaptación frente a las altas temperaturas.
Llamado a incorporar el riesgo climático en la planificación
“Incorporar el riesgo por calor extremo en la planificación regional y municipal es fundamental para proteger la salud, el empleo y la educación”, concluyó García. Añadió que fortalecer la prevención en salud, adaptar las condiciones laborales, mejorar la infraestructura escolar y promover ciudades con más sombra y áreas verdes son decisiones clave para proteger los ingresos y el bienestar de miles de familias del norte del país.





