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Dormir mal de forma ocasional es una experiencia común. Sin embargo, cuando la dificultad para conciliar el sueño, los despertares frecuentes o la sensación de descanso insuficiente se repiten varias veces por semana durante meses, podría tratarse de un problema de salud que requiere atención médica.
De acuerdo con especialistas en medicina del sueño, el insomnio crónico continúa siendo uno de los trastornos del sueño más subdiagnosticados, pese a las consecuencias que puede generar sobre la salud física, mental y el desempeño diario.
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Qué ocurre en el cuerpo cuando no se duerme lo suficiente
El sueño cumple funciones biológicas fundamentales para el organismo. Durante el descanso se regulan hormonas, se consolidan procesos de memoria y aprendizaje, y se activan mecanismos de reparación celular.
Cuando estas funciones se alteran de manera persistente, aumentan los niveles de estrés fisiológico y se afectan sistemas clave como el cardiovascular y el metabólico.
“El insomnio sostenido incrementa el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares, alteraciones en la glucosa y trastornos como ansiedad y depresión. No es simplemente una mala noche, es un problema de salud que puede volverse crónico si no se aborda adecuadamente y a tiempo”, explica el Dr. Darwin Vizcarra, neurólogo y especialista en Medicina del Sueño de Clínica San Felipe.
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Las consecuencias en la vida diaria
Más allá de sus efectos sobre la salud, la falta de descanso impacta directamente en el rendimiento cotidiano.
Los especialistas advierten que dormir menos de lo necesario reduce la capacidad de concentración, afecta el tiempo de reacción y dificulta la toma de decisiones, lo que puede traducirse en errores laborales, menor rendimiento académico y un mayor riesgo de accidentes.
Asimismo, la somnolencia persistente puede afectar las relaciones personales y disminuir la calidad de vida.
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Señales que pueden indicar un trastorno del sueño
El Dr. Vizcarra recomienda buscar evaluación médica cuando se presentan algunos síntomas de forma recurrente:
- Tardar más de 30 minutos en quedarse dormido.
- Despertarse varias veces durante la noche sin poder retomar el sueño.
- Sentir que el descanso no ha sido reparador.
- Experimentar cansancio que afecta el trabajo o las actividades diarias.
- Depender de medicamentos para poder dormir.
La detección temprana permite identificar las causas del problema y aplicar tratamientos adecuados antes de que el trastorno se vuelva crónico.
Hábitos que pueden empeorar el insomnio
Algunas conductas cotidianas pueden contribuir al deterioro de la calidad del sueño sin que las personas lo adviertan.
Entre ellas destacan el uso de celulares, tabletas o computadoras antes de acostarse, el consumo de café o bebidas energizantes durante la tarde o la noche, mantener horarios irregulares para dormir y utilizar la cama para trabajar, comer o ver televisión.
Modificar estos hábitos forma parte de las estrategias recomendadas para mejorar el descanso.
Según el especialista, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio es una de las intervenciones con mejores resultados y, en muchos casos, permite reducir o evitar el uso de medicamentos.
La importancia de un diagnóstico oportuno
Los especialistas recuerdan que existen otros trastornos del sueño que también requieren atención médica, como la narcolepsia, una enfermedad que provoca episodios repentinos de sueño durante el día.
Este trastorno puede representar un riesgo significativo en actividades que exigen un estado constante de alerta, como conducir vehículos o manipular maquinaria.
“La creencia de que dormir poco es sinónimo de productividad ha normalizado el insomnio. Entender que vivir agotado no es normal es el primer paso para prevenir complicaciones y recuperar no solo horas de sueño, sino también salud y calidad de vida”, concluye el Dr. Vizcarra.
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