Bernardo Tineo no tiene necesidad de aventurarse por temas, tal vez ambiciosos pero lejanos, sino que él prefiere hundir su talento, vocación y sensibilidad en su entrañable universo local.
Bernardo Tineo no tiene necesidad de aventurarse por temas, tal vez ambiciosos pero lejanos, sino que él prefiere hundir su talento, vocación y sensibilidad en su entrañable universo local.

Conocí a Bernardo Tineo en Chiclayo, con ocasión del III Encuentro Nacional de Literatura Infantil y Juvenil que se realizó en esa importante ciudad. Entonces, él no hablaba mucho; más bien era callado, pero asistía puntualmente a las exposiciones, conferencias y talleres, en los que procuraba aprender todo lo que podía. Su afán de aprender era incesante.

Posteriormente, se ha caracterizado por ser uno de los permanentes colaboradores de “Rayuelo”, la revista oficial de la Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil (APLIJ), con trabajos, artículos y ponencias que revelan su seria y consistente formación intelectual, literaria y magisterial.

Precisamente, hace poco nos ha remitido desde la generosa tierra de Olmos, un valioso envío consistente en cuatro de los últimos volúmenes de su producción, los cuales profundizan en los temas de su universo natal; es decir, Bernardo Tineo no tiene necesidad de aventurarse por temas, tal vez ambiciosos pero lejanos, sino que él prefiere hundir su talento, vocación y sensibilidad en su entrañable universo local.

En ese sentido, hace algunos años, el Ministerio de Educación incluyó a Bernardo Tineo con la distinción nacional “El Maestro que Deja huella”, organizado por el Banco Internacional del Perú – Interbank.

En la conclusión del respectivo reconocimiento se lee textualmente: “Experiencia: el profesor que para empezar a trabajar se dedicó a conocer sobre mitos y leyendas de Olmos y a partir de ello, enseñar a sus alumnos. No solo ha conocido su patrimonio cultural, sino que lo ha escenificado haciéndose merecedores de trofeos. Otros colegios se han beneficiado del aporte del profesor”.

HISTORIA Y COSTUMBRES DE OLMOS

En este exhaustivo y hermoso libro, el autor registra aspectos decisivos y casi siempre ignorados por la mayoría de la población; por eso el contenido se distribuye a través de los capítulos: El territorio de Olmos; Historia de Olmos a través de la época pre colonial, la Colonial y la República; la economía; la cultura; el turismo, los proyectos hidroenergéticos y de irrigación; La primera cruz en el Perú (en el cerro Chalpón de Olmos) y la Aparición de la Virgen María de Nitape.

ARCA DE TESOROS DE OLMOS

El contenido de este importante libro se puede apreciar a través del exhaustivo prólogo escrito por el Dr. Rogelio Edgard Vilcherrez Chozo, profesor de la Universidad César Vallejo de Chiclayo, así como de la Institución Educativa “María de Lourdes de Pomalca”:

“Arca de tesoros de Olmos”, del Maestro Bernardo Tineo Tineo, es un aporte a la literatura de Olmos y constituye como soporte a una puerta de entrada, referente a la rica diversidad cultural y natural de la región lambayecana del norte peruano. Algunos de los temas específicos son los cuentos: “La estrella y el cerro Chalón”, “El científico y el campesino”, “Navidad en la calle”; también, las leyendas: “El niño petrificado”, “La última orden del Inca Atahualpa”, “El jardín de Pumpurre”, así como los ensayos: “El palo blanco: árbol nativo de Olmos”, “Olmos: pueblo de reducción indígena” y “Olmos: capital del limón”.

TRADICIONES OLMANAS

Este volumen contiene un conjunto de leyendas y relatos que los lectores, especialmente los estudiantes, deben conocer para valorar los recursos de su patrimonio cultural. Entonces es posible acceder a los hermosos relatos: “La señorita encantada por el virrey”, “El encanto del cerro Pumpurre”, “La princesa del cerro Rajado”, “La cruz del obrero del pueblito”, “La cruz del perdón del Mocape”, “Procesión de los santos patrones”, “Las ánimas del virrey”, “La jarra de chicha”, “Incendio en el Jagüey”, “El cerro Yauqui”.

El valor didáctico de este importante volumen se enriquece con una serie de actividades que los alumnos deben desarrollar en el aula bajo la orientación de sus maestros, quienes también enriquecen con su trabajo la tarea de revaloración de la cultura nativa.

LA PRINCESA DE CHARNIQUE

Se trata de un libro que reafirma no solo el talento y compenetración del autor con el patrimonio cultural de su región, sino que se proyecta a la formación educativa de los estudiantes, propósito que se explica por la serie variada de actividades didácticas que se deben realizar bajo la dirección de los maestros. Así lo advierte también con sagaz espíritu crítico el prologuista Gilberto Delgado Fernández: “El propósito del autor está claramente declarado: formar en comprensión lectora y en la práctica de valores a través del relato. Para lograrlo, acompaña sus textos con pruebas de comprensión lectora, cuya función es motivar una lectura activa y reflexiva”.

A continuación, el contenido se desarrolla a través de los relatos: “Carmen Rosa”, “La princesa de Charnique”, “Carta en la caja de fósforo”, “Dos ramas en el camino” y “Serenata de amor”.

Al concluir el contenido de las hermosas lecturas de afirmación de la cultura local, el Dr. Angel Centurión Larrea escribe: “Se concitan el amor, la tradición y el valor del perdón, el lector descubrirá que no hay barrera que no pueda franquear unos sinceros sentimientos. La familia, el respeto y los vínculos con la naturaleza, forman el ser de una persona digna. Que esta narración te anime a apreciar lo que es nuestro y a confiar en la bondad del corazón peruano”.

VALORACIÓN

Al concluir este recuento registramos los acertados juicios de dos escritores ampliamente reconocidos en la región: Nicolás Hidrogo Delgado, quien afirma: “En este libro está la factura de un caminante trashumante, que sin haber nacido en Olmos, es más olmano que el limón de harto jugo”.

Por su parte, Gilbert Delgado Fernández expresa: “A manera de un Proyecto de reconstrucción del Mundo que busca su urgente aplicación, se nos ubica en el espacio por excelencia, desde donde se han de fundar los cimientos para la buena convivencia: la institución educativa. A través del lenguaje poético y el rescate del amor ágape lograremos formar mejores personas”.

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