El 2025 ha sido un año fructífero en producción literaria. En esta columna rescato algunas obras que, por mérito propio, merecen mayor lectura y difusión. De ninguna manera es mi interés hacer un “recuento de los mejores libros del año”.
Únicamente pretendo poner sobre la mesa mis apreciaciones sobre algunos de los tantos libros que, por mérito propio, vale la pena leer. Desde mi limitado conocimiento, considero que en nuestra región hay autores conocidos, reconocidos y/o desconocidos con obras de valía. Es nuestra responsabilidad acercarnos a ellas, para explorar esa valía.
POESÍA
“Poesía infantil de La Libertad”, antología preparada por Bethoven Medina Sánchez, es un libro imprescindible. Rodari (2016) nos recuerda que la poesía enseña a “mirar el mundo con ojos nuevos” y a descubrir la musicalidad de las palabras. Esta selección encarna ese principio: nos comparte poemas para niños y reafirma su valor educativo. Como lector y docente, hallo aquí un material formativo valioso.Otro libro meritorio es “La muerte inesperada del jardín”, de Paúl Orlando Vera Basilio. Sus poemas nos invitan a preguntarnos por el dolor que preferimos no ver: el de un animal, el de la naturaleza, el de lo que creemos ajeno. Al unir “jardín” y “muerte”, el autor arma una ruta emocional que va de la melancolía a la finitud y de ahí a una esperanza final, sin mayor retórica. Gloria Portugal, por su parte, confirma un camino propio en “Tarde llegaron las hadas”. Dice que escribió “desde la más brutal sinceridad” y admite su ingenuidad; cita a Sabina para recordarnos que, si el amor tiene final, no será feliz. Pero sus textos, entre ironía y ternura, vuelven existencial la cotidianeidad y nos dejan una certeza: “Se sobrevive a la noche / como al invierno y a la locura.”A estas publicaciones anteriores, se suma “Coronación de los sentidos”, de Alberto Alarcón. He aquí una voz íntima que avanza entre la celebración y el duelo. En sus cuatro partes, los poemas hacen del deseo conciencia del tiempo y transforman el amor en geografía sensible. Como bien dice Carlos Santa María, este “es un fino trabajo de orfebrería que logra escaladas y giros tan complejos como profundos”.
CUENTO
En “Mi barco hundido y otros cuentos”, el destacado escritor Jorge Barboza Beingolea nos muestra que la literatura infantil puede ser refugio y aprendizaje. No hay que edulcorar el miedo, parece decirnos; hay que afrontarlo con humor y lucidez. Con fino trabajo, don Jorge hace de cada historia una oportunidad para superar lo difícil sin perder la sonrisa. “Pequeñas historias”, de Gloria Portugal, funciona como un laboratorio de preguntas sin moraleja explícita. Con escenas simples y personajes mínimos, la narración sostiene una musicalidad que invita a compartir la lectura y dignifica la rareza como una forma de mirar distinto. En tiempos de discursos estridentes, es un libro pertinente por su delicadeza crítica.Ya en la puerta del 2026, “La sombra y otros cuentos”, de Enrique Carbajal, instala y contagia su poética de la oralidad: la noche, el cerro y el silencio respiran como materia narrativa. El autor prioriza el “cómo se dice” sobre el “qué pasa” y logra que el conjunto opere como una sola garganta colectiva.En este mismo género, no puedo dejar de mencionar a “Once Liberteño”. Esta es una antología sólida, plural y madura. Aquí, voces de distintas épocas comparten oficio, compromiso con el lenguaje y búsqueda de mirada propia. La variedad cohesiona un retrato coral, interpela al canon y convoca a la relectura. Este libro nos permite defender con orgullo una afirmación categórica: en La Libertad sí se escribe con solvencia.
NOVELA
La novela sigue siendo el terreno más retador. Como una especie de oasis, Mario Luciano Moreno Roldán nos oxigena con “Felipe Felipe”. Destaca su dominio estilístico y su sensibilidad creativa. Luciano es una voz que se afirma, anclada en la cultura popular y en realidades atravesadas por carencias e inequidades. El editor Carlos Santa María resume bien el núcleo de esta obra: un niño busca el rostro del padre perdido y, alrededor de esta búsqueda, convergen lo real y lo maravilloso. Además de la trama, este libro destaca por la calidad de edición, el trabajo visual de Oscar Alarcón Prieto y el manejo de registros lingüísticos que nos permite diferenciar las voces y hacer habitable la historia.
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ENSAYO
Si bien se han publicado algunos ensayos durante el año que se nos fue, subrayo “Vallejo a solas. Divagaciones de un profano”, del maestro Ángel Napoleón Gavidia Ruiz. Este es un libro testimonial, según Sánchez Lihón: caminos, fantasmas, nostalgias y una identidad cultural que se sostiene en tierra, paisaje y lengua. Gavidia escribe sin plan rígido, movido por preguntas íntimas de lector; dialoga con poemas y episodios de vida, y convierte la “divagación” en método honesto para pensar sin imponer verdades. Al fin y al cabo, Orrego (citado en Gavidia Ruiz, 2025) advierte que el lector debe presentarse “desnudo”, abandonando su “trapillo literario”, para llegar y sentir a nuestro gran poeta universal.
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