Uno de los más importantes y sorprendentes relatos que contiene el libro “Relatos históricos y anecdóticos”, de Manuel Alvarez Haro, salaverrino, exalumno del Colegio Seminario de San Carlos y San Marcelo, exprofesor de Historia en la Universidad Nacional de Trujillo y descendiente del distrito de Salpo, es su hermoso e ilustrativo libro “Trujillo: Relatos históricos y anecdóticos”, en cuyo conjunto descubrimos el singular, sorprendente y esclarecedor relato “Trujillo en los tiempos de la monja alférez”, seguramente ignorado por la inmensa mayoría de trujillanos, especialmente contemporáneos, que ahora queremos compartir.
TRUJILLO EN 1575
El vecindario trujillano bordeaba los 4,500 habitantes, compuestos por blancos, indios, negros y mestizos. Estos últimos en reducido número. Lamentablemente, desde 1553 se produjo un éxodo de vecinos que acompañaron al corregidor Diego de Pineda a formar la Villa de Miraflores de Saña; por otra parte, el Corregimiento de Trujillo sufrió serias desmembraciones, así como los corregimientos de Santa María de la Parrilla (Santa) y de Cajamarca, que también comprendía la rica y extensa provincia de Huamachuco.
Atraídos por la abundante producción agropecuaria, llegaban a la ciudad comerciantes procedentes de Panamá, Cuzco y Potosí, para abastecerse de trigo, miel, chancaca, sebo, harina, etc. También adquirió importancia el comercio mercantil, porque comerciantes trujillanos acudían a la famosa feria anual de Portobello, para adquirir mercancías provenientes de Europa.
El transporte marítimo se realizaba por el puerto de Huanchaco, preferido a los de Guañape y Malabrigo, por su cercanía y mejores condiciones.
LA MONJA ALFÉREZ: ORIGEN Y DESTINO
Durante la Colonia no faltaron en Trujillo gentes de vida discutible, aventurera y pendenciera, que continuamente protagonizaban robos, peleas, asaltos, estafas y escándalos. Sobre todo, exactamente en el año 1604, llegó a la ciudad un personaje extraordinario, quien al regresar a Europa adquirió fama universal. Se trataba nada menos que de Catalina de Erauso, más conocida como la Monja Alférez, a quien, cuando tenía cuatro años de edad, su madre la internó en el convento de San Sebastián, donde nació en la región española de Viscaya. Pero a los 15 años de edad se escapó del monasterio y disfrazada de varón comenzó una vida de aventuras por varios lugares. Precisamente, en 1603 se embarcó desde el puerto de San Lúcar. Estuvo en Sevilla y prosiguió rumbo al Nuevo Mundo, específicamente a Punta Araya (Venezuela), de donde pasó a Cartagena de Indias (Colombia), donde desertó habiendo sustraído previamente 500 pesos de las arcas del Capitán.
RUMBO A TRUJILLO
Precisamente, estando en Panamá, pobre y sin dinero, pues gastó el último maravedí, quiso su buena suerte que se encontrara con un rico comerciante de Trujillo, llamado Juan de Urquizo, a cuyas órdenes se puso a trabajar. Entonces emprendieron el viaje rumbo a nuestra ciudad; pero navegando rumbo a Paita fueron cogidos por un fuerte temporal frente a las costas de Manta (Ecuador); solo se salvaron él, su patrón y otro comerciante que no sabía nadar. Ya estando en territorio peruano, habiéndose ganado la confianza de su patrón en Saña, Erauso fue encargado de la venta de mercancías por un monto de 150 mil pesos, suma cuantiosa para esos tiempos.
Cierto día, cuando se encontraba en un teatro de comedias, un individuo se puso en su delante, con lo cual le impedía la vista. Intercambiaron palabras; el sujeto lo amenazó con cortarle la cara. Al día siguiente, al encontrarse nuevamente ambos frente a la iglesia, el joven Erauso en actitud desafiante le dijo: “¡Ah, señor Reyes, esta es la cara que quería cortar!” Y sin darle tiempo le puso un chirlo en el rostro. Mientras Reyes se llevaba las manos a la cara ensangrentada, su amigo entró con la espada y se produjo un duelo breve, porque el atacante cayó atravesado por una certera estocada. Con mucha ligereza, el joven ganó la iglesia, pero también lo hizo el Corregidor don Mendo de Quiñónez, quien logró sacarlo a la fuerza y lo recluyó en la cárcel. Informado su patrón, gestionó para que lo restituyeran a la iglesia, de donde pudo salir después de tres meses.
De nuevo en libertad, el joven se enfrentó a un nuevo compromiso cuando su patrón quiso que se casara con su amante doña Beatriz Cárdenas. Al enterarse el apuesto joven dijo: ¡Buena cosa, me quiere a mí para su servicio y a ella para gustarse! Entonces, durante el tiempo que permaneció en la iglesia salía por las noches para ir a casa de la mencionada señora, quien le prodigaba dulces mimos y caricias; pero cierta vez, la doña le echó llave y quiso obligarle a dormir con ella; entonces, por lo que, con mucho esfuerzo, logró escapar del compromiso. Entonces, frente a su rotunda negativa, su patrón lo trasladó a un negocio que tenía en nuestra ciudad.
SU VIDA EN NUESTRA CIUDAD
En nuestra ciudad, el apuesto joven llevaba una vida tranquila, dedicada a los menesteres comerciales. Pero, pasados unos dos meses entró asustado al establecimiento un negro esclavo para avisarle que en la puerta se encontraban unos hombres armados, quienes fueron reconocidos como un tal Reyes de Saña y sus amigos; entonces se entabló en plena calle un furibundo duelo con espadas; uno de los amigos del atacante fue atravesado por una certera estocada. La enfurecida pelea continuaba hasta que llegó el Corregidor Orduño Rodríguez y sus auxiliares, quienes aprehendieron a Euraso. Al ser conducido a la cárcel lo reconoció como vizcaíno uno de sus captores, quien le facilitó la fuga, por lo que se asiló en la Iglesia Mayor. Esta vez su patrón no lo pudo librar, porque aparte de homicida tenía otras acusaciones, aunque sí logró que fugara a Lima. Entonces le dio unos 1600 pesos y una carta de recomendación.
Así pasó por Trujillo la posteriormente llamada la Monja Alférez, también representada en el cine, representada por la actriz mexicana María Félix.
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La monja alférez en Trujillo
Durante la Colonia no faltaron en Trujillo gentes de vida discutible, aventurera y pendenciera, que continuamente protagonizaban robos, peleas, asaltos, estafas y escándalos.