Como signo de fresca y renovada fecundidad creadora, el poeta cajamarquino Manuel Alcalde Palomino ha tenido la generosidad de alcanzarnos la más fresca entrega de su quehacer poético: “Frailones en el tiempo”, que reafirma y consolida su sensibilidad y perspectiva capacidad creadora.
Pero conviene reiterar algunas observaciones sobre el autor: natural de Cajamarca; estudió su primaria en la Escuela Prevocacional “Rafael Olascoaga” N° 123; la secundaria la realizó en el glorioso e histórico San Ramón, de su tierra natal; mientras que en la Universidad Nacional de Cajamarca se formó como ingeniero civil; además formó parte del sorprendente aunque no muy duradero Grupo “Raíz Cúbica”, donde alternó con otros importantes creadores como Esteban Quiroz y el propio Bethoven Medina Sánchez, quien, por su parte, estudiaba Ingeniería Agrónoma.
TRAYECTORIA LITERARIA
En 1976 Manuel Alcalde publicó su primer poemario: “Olor a barro”; en 1981 editó “Para llegar al viento”; en 2022 publicó ”Argumentos para volar”, en el que modela sus ansias de libertad; o sea, ahora entrega el tercer volumen poético. Sin embargo eso no es todo, porque su inquietud literaria e histórica se ha plasmado también en otros importantes volúmenes: “No olvidar… No olvidar… San Ramón”, en el que plasma su inspiración y compenetración con el colegio en el que discurrió sus días de colegial. Pero hay más: el año 2015 publicó las memorias del carnaval cajamarquino, plasmado en el travieso y evocativo “Qué bonita señorita” e inspirado en los creadores de la deslumbrante fiesta que moviliza a la gente de muchas partes del país e incluso del extranjero.
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PALMAS
Como reconocimiento a su meritoria y sobresaliente trayectoria literaria y creadora, Manuel ha recibido importantes distinciones: de la Universidad Nacional de Cajamarca; del Gremio de Escritores del Perú; de la Organización Mundial de la Comunidad peruana en el Exterior, con sede en Barcelona.
Asimismo, por la calidad de su inspiración y plasmación literaria ha sido incluido en importantes antologías y publicaciones, como la antología “El árbol en la poesía cajamarquina” y “Rostros descubiertos por la luna”, del fecundo, fino e inagotable Manuel Ibáñez Rosazza; asimismo, el investigador y crítico cajamarquino Luzmán Salas Salas, sin duda el más autorizado conocedor de la literatura cajamarquina, lo incluyó en los volúmenes “Poetas de Cajamarca”; asimismo, aquí en Trujillo, el poeta e investigador literario Alberto Alarcón lo incluyó en su antología “Raíz cúbica”.
El REFERENTE MOTIVADOR
Las piedras eternas de Cajamarca, el referente del que parte y que concentra su elaboración poética, no es simplemente una localización geográfica, una zona montañosa, una referencia arqueológica; es, más bien, un universo enigmático que contiene su propio mensaje, significado y trascendencia. Son los testigos eternos de pasadas épocas que no han desaparecido, sino que permanecen como testigos y protagonistas de la evolución del tiempo; fuente de sabiduría cuyo mensaje está depositado, acumulado y viviente. Por eso las piedras dejan de ser referencias geográficas contemplativas; al contrario, ellas ven pasar el paso del tiempo, el drama de la historia, la acción humana. Por eso la soledad en que se ubican no es aislamiento, sino presencia permanente de la vida, la historia y la acción humana.
Entonces el poeta no asume la posición del curioso externo, del turista admirado o del viajero transeúnte. Los frailones tienen su propia identidad que ve pasar la aventura humana, el desarrollo de la historia, el drama de la propia vida. Es decir, no es una curiosidad arqueológica o geográfica, sino una fuente de sabiduría ancestral y permanente actuante y futurista, que el poeta se ha propuesto revelar y mostrar bajo la perspectiva de su propio testimonio personal.
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ESTRUCTURA
El poemario es más bien breve, alado, sutil, cuyo contenido se agrupa en dos partes: la primera toma como referente el viento, el cielo, el agua, la soledad, el amor, el vuelo y la vida; la segunda parte está compuesta de trece poemas sin título específico, cada uno de los cuales motiva la plasmación de una rica inspiración trascendente.
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VALORACIÓN
En opinión de Bethoven Medina Sánchez, el prologuista, “la obra está construida como una suerte de peregrinación lírica”. A través de una serie de secciones, el poeta recorre distintos ámbitos de la naturaleza: el viento, el cielo, el agua, la soledad, el amor, la historia, la vida y el tiempo. Cada uno de esos elementos no solo describe aspectos específicos del paisaje motivador y referente, sino que expone una reflexión trascendente sobre la conducta humana. Entonces, el libro puede leerse como una meditación sobre la relación profunda entre el hombre y la naturaleza, una relación que en la cosmovisión andina nunca ha sido de dominio sino de reciprocidad, como expresiones de dos mundos y dos tiempos: lo ancestral y lo histórico, lo antiguo y lo contemporáneo.
William Guillén Padilla, por su parte, destaca que con este poemario Alcalde celebra la grandeza del hombre andino y la identidad cultural de Cajamarca, invitándonos a contemplar la naturaleza con respeto y a reconocer en ella una fuente inagotable de sabiduría y poesía.
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Según lo expuesto, el bosque pétreo o lítico de Los frailones deja de ser un lugar simplemente geográfico, curioso o incluso turístico, para convertirse en fuente trascendente de poesía y verdad, filosofía y trascendencia, diálogo motivador entre el pasado (no cancelado) siempre actuante, testigo y protagonista de la historia de los pueblos y de la aventura humana.
Además, el mensaje no vale solo para los frailones, sino para todos los monumentos arqueológicos, que mantienen vivo su mensaje dialogante y reflexivo que debemos empeñarnos en descubrir para ampliar el sentido de la vida, la historia y la aventura humana.
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La poesía de los frailones de Cajamarca
En 1976 Manuel Alcalde publicó su primer poemario: “Olor a barro”; en 1981 editó “Para llegar al viento”; el 2022 publicó ”Argumentos para volar”, en el que modela sus ansias de libertad.