Con REGISTROS ATÁVICOS, la poeta trujillana declara que su trabajo literario reúne aquellas voces del pasado que hacen eco en el presente; con este poemario recordamos que la poesía es el regreso a la infancia; a la nostalgia del paraíso, del infierno y del limbo.
Con REGISTROS ATÁVICOS, la poeta trujillana declara que su trabajo literario reúne aquellas voces del pasado que hacen eco en el presente; con este poemario recordamos que la poesía es el regreso a la infancia; a la nostalgia del paraíso, del infierno y del limbo.

El verbo registrar tiene algunas acepciones que merecen ser analizadas. Los seres humanos registran cuando examinan algo con cuidado y diligencia; también lo hacen cuando logran transcribir o colocar en los libros algunas ideas o hechos relevantes. Los registros, en este sentido, pueden entenderse como los espacios en los que se anotan las ideas relevantes y necesarias, así como también la nominalización de la acción misma. Ahora bien, cuando en un libro de poesía se usa el sustantivo “Registros” como parte principal del título, existe ya la necesidad de evidencia una propuesta estética del recuerdo que el o la poeta han trabajado. La escritora trujillana acaba de presentar su primer poemario y lo ha titulado REGISTROS ATÁVICOS; esto, desde mi perspectiva, denota claramente que el ejercicio de escritura poética recorrerá aquellos caminos de memoria en los que el sujeto lírico se encuentra inmerso.

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La memoria es el registro de lo vivido, pero también es la conciencia plena de lo heredado; de aquello que, sin ya estar en nosotros, lo llevamos muy dentro. Registramos lo que necesitamos conservar y es el cincel de la memoria quien registra cada línea del tiempo grabado; por eso, no es casualidad que el poemario de Diandra García se titule REGISTROS ATÁVICOS; por el contrario, con este libro y el nombre asignado, la poeta trujillana declara que su trabajo literario reúne aquellas voces del pasado que hacen eco en el presente. Con REGISTROS ATÁVICOS (Alastor editores, 2024), recordamos que la poesía es —como lo señalaba Octavio Paz— el regreso a la infancia; a la nostalgia del paraíso, del infierno y del limbo.

La voz poética femenina

En su libro de cuentos Nombres para un desamor, Diandra García presenta cinco historias protagonizadas por jóvenes mujeres que se enfrentan a un mundo que apenas ha comenzado a cobijarlas y ya las hace estar a la defensiva. Al igual que en su cuentario, en REGISTROS ATÁVICOS la voz femenina es también una constante, pero ya no es el entramado psicológico narrativo lo que sobresale; aquí la subjetividad y la exploración del mundo emocional femenino adquiere transcendencia; “mami, quiero ir a casa / sentir los dedos de papá acariciando mi cabeza (…) mami, soy mujer / y solo tengo más preguntas”. Sin la intención de mezclar categorías que le pertenecen a un género literario determinado, en la poesía de Diandra García pareciera que la voz femenina se convierte en el personaje protagónico que nos revela su subjetividad, al margen de cualquier noción de tiempo y espacio. Es la voz femenina quien declara su deseo de ir a casa; además de albergar las dudas y temores que la circundan. Es la voz femenina la que toma conciencia de su condición de mujer y reafirma su curiosidad por seguir descubriéndose.

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La voz femenina es también la que plantea la desmitificación de la paternidad, ya sea por la presencia del resguardo materno o la ausencia del protectorado paterno. Al inicio del libro, por ejemplo, se presenta una escritura experimental envestida de prosa poética en la que la figura paterna adquiere dimensiones malévolas; “el último hombre al que quise ya está besando a otra y no han pasado ni quince días desde que nos dejamos ir. Pero es mi padre. Es mi padre que ha vuelto a ser infiel esta noche”. La presencia dañina del padre se complementa con la ausencia de este en el resto del poemario. Ahora bien, ya en el resto de textos líricos es la madre quien adquiere protagonismo; “este cuerpo extraño / que despierta / cada día de los veintiocho / de las cíclicas eternidades / de nuestras vidas / a mi madre se lo extirparon / en uno”. Ya sea por afirmaciones de ternura y consuelo, o por motivaciones espectrales, el consuelo materno y la condición de hija es una constante.

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La gran escritora Marguerite Yourcenar señala con contundencia que la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida. Con REGISTROS ATÁVICOS (un poemario experimental dividido en cuatro segmentos temporales), la poeta Diandra García ha realizado una confesión honesta de su vida, la cual resguarda de las miradas inquisidoras de los otros, porque solo ella puede juzgarla y entenderla; eso sí, su escritura es la que ha comenzado a desnudarse y ha encontrado en el registro una forma de memoria que conserva los ecos y las voces del viento.

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