" Me gustaría que la obra invitara al espectador a preguntarse: '¿Hace cuánto no hago algo que realmente me hacía feliz?'”.  Foto: Mario Zapata
" Me gustaría que la obra invitara al espectador a preguntarse: '¿Hace cuánto no hago algo que realmente me hacía feliz?'”. Foto: Mario Zapata

Cuatro amigos vuelven a encontrarse después de muchos años. Entre recuerdos, confidencias y viejas complicidades, el reencuentro también pone sobre la mesa la condición de salud de Abel, quien vive con afasia y solo puede comunicarse mediante palabras de dos sílabas.

A partir de un tablero de Scrabble, el dramaturgo y director David Carrillo construye una historia que explora el valor de la amistad, la familia, el paso del tiempo y el peso que tienen las palabras —y también los silencios— en nuestras vidas.

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“Los cuatro letras”, que se presenta en el Teatro Racional de Barranco, invita al público a completar el significado de la historia desde su propia experiencia. En conversación con Correo, Carrillo comparte el proceso creativo detrás de una obra que también resuena mucho después de que cae el telón.

“El juego terminó convirtiéndose en una forma muy bonita de hacer conversar a los personajes. Me di cuenta de que estaba hablando de lo difícil que se ha vuelto reconectar con los demás”, detalla David.

¿Cómo nace “Los cuatro letras”?

Mi primera motivación fue, en realidad, rendir un pequeño homenaje a los dos años que tuve la oportunidad de vivir en Estudios Generales. Cada vez las universidades reducen más ese tipo de formación y, para mí, fue un espacio absolutamente fundacional. [...] Entonces pensé: quiero hablar de cuatro amigos que nacieron en ese espacio.

Aparece Abel, un personaje que termina siendo el corazón de la historia. ¿Cómo surge?

Ahí apareció otra capa muy personal. Mi tío Marcelo, hermano de mi mamá, sufrió una hemiplejia y una afasia cuando tenía alrededor de treinta años. Vivió décadas con esa condición. Curiosamente, mi vínculo con él era muy especial. Entonces pensé: tal vez Abel puede tener una condición parecida. [...] No quería caer ni en la caricatura ni en la burla. La obra tiene mucho humor, pero necesitaba que la enfermedad estuviera tratada con mucha humanidad.

Más allá de la amistad, “Los cuatro letras” habla de una familia elegida...

Eso me interesaba [...] que el reencuentro no fuera solamente un ejercicio de nostalgia, sino preguntarse qué quedó de esas personas tantos años después. ¿Qué cambió? ¿Qué permanece? ¿Qué cosas seguimos cargando sin haberlas dicho nunca?

Hay otro tema que me impacta mucho: las limitaciones para comunicarnos. No solo por la condición de Abel, sino porque todos parecen tener algo que no pueden decir.

Estos cuatro amigos son personas altamente preparadas para comunicarse. Una es educadora; otra, lingüista; uno trabaja con el lenguaje audiovisual; otro es abogado. Son personas que, en teoría, deberían tener todas las herramientas para decir lo que sienten. Y, sin embargo, no pueden. Me interesaba mucho esa idea de “en casa de herrero, cuchillo de palo”. Personas expertas en el lenguaje que, cuando se trata de hablar de sí mismas, no encuentran las palabras.

Entonces, ¿más que una obra sobre las palabras termina siendo una obra sobre reencontrarse?

Para mí la palabra clave es esa: reconexión. Tenemos miles de formas de comunicarnos, pero, al mismo tiempo, dejamos pendientes las conversaciones importantes. ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a jugar un juego de mesa dejando el celular lejos? En la obra hay pequeños instantes así. Ana Valentina dibujando, alguien disfrutando una taza de cocoa... Son momentos muy simples, pero creo que ahí también está la felicidad.

¿Crees que el teatro se ha convertido en uno de los pocos espacios donde todavía nos detenemos realmente a escuchar al otro?

Ese sería mi sueño. Siempre digo que el teatro es una invitación a desconectarte para reconectarte. Apagas el teléfono, no comes, no respondes mensajes, no vas al baño durante un rato. Simplemente aceptas entrar en una ficción con la promesa de regresar distinto a la realidad. Eso me parece muy hermoso.


David Carrillo, Dramaturgo

Ha desarrollado una trayectoria de más de dos décadas en las artes escénicas, tanto en la creación como en la formación de nuevas generaciones de actores. Sus obras exploran las relaciones humanas, la memoria, el lenguaje y los vínculos familiares desde una mirada íntima y reflexiva.

8 de agosto finaliza la temporada de la obra.

14 meses tiempo que David dedicó a la escritura de la obra.

50 años tiene el director nacido en Lima, en 1976.

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