Han pasado más de dos milenios desde que Aristófanes escribió “Las aves”, pero su mirada sobre el poder, la ambición y las contradicciones humanas sigue encontrando eco en el presente. A propósito de la adaptación que actualmente se presenta en el teatro Ricardo Blume, el dramaturgo peruano Mateo Chiarella conversa con Correo sobre la vigencia de los clásicos, el humor como herramienta de crítica social y los desafíos de una sociedad que continúa buscando formas más justas de convivir.
“Estamos hablando de una obra escrita hace más de 2400 años y resulta impresionante la vigencia que mantiene. En esta adaptación, he retirado algunas referencias muy específicas a la Atenas de aquella época que hoy podrían resultar difíciles de comprender para el espectador contemporáneo. Mi intención ha sido construir una versión accesible y cercana para nuestro público, sin perder la profundidad ni la riqueza del texto original”, comenta Mateo.

¿Por qué una obra escrita hace más de 2400 años sigue vigente en la sociedad peruana?
Los clásicos siguen vigentes porque nos muestran quiénes somos como sociedad. Nos hablan de nuestras ambiciones, contradicciones, deseos de poder y formas de relacionarnos. En el caso de “Las aves”, la pregunta central sigue siendo muy actual: cómo construir una sociedad sensible a las personas que la integran y cómo evitar que el poder sea utilizado para satisfacer los impulsos más egoístas o perversos de quienes lo ejercen.
¿Cuál fue el principal reto de adaptar esta obra para el público peruano actual?
En la Atenas de Aristófanes, [...] muchas referencias estaban dirigidas a personajes que los espectadores de la época reconocían inmediatamente. Por eso opté por retirar esos elementos específicos y concentrarme en los temas universales de la obra: la corrupción, el abuso de poder y las aspiraciones humanas.
¿Qué puede decir el humor que quizá no puede decir el drama?
El humor tiene la capacidad de decir cosas muy duras sin agredir al espectador. Permite abordar temas complejos desde la risa y generar reflexión al mismo tiempo. Puede aliviar la carga emocional sin dejar de señalar aquello que está mal. La tragedia también transforma, pero lo hace a través de un camino más doloroso. Además, cuando nos reímos de la corrupción, del abuso de poder o del engaño, estamos reconociendo que esos problemas existen. Detectarlos ya representa un avance.
¿El teatro sigue siendo un espacio para imaginar otros mundos posibles?
Absolutamente. Creo que pocas disciplinas permiten algo semejante. [...] Nos permite ser otros por un momento y explorar realidades distintas a la nuestra. En ese proceso reflexionamos sobre la condición humana. Siempre he pensado que el teatro funciona como una especie de laboratorio práctico de filosofía.
Para usted, ¿qué papel cumplen hoy los clásicos dentro de la cartelera teatral peruana?
Los clásicos siguen siendo clásicos porque continúan diciéndonos algo sobre nuestro presente. Sin embargo, también creo que en el Perú existe un desafío importante: el teatro no tiene el arraigo que debería tener dentro de nuestra sociedad. [...] Nuestra tarea consiste en construir puentes. No se trata de simplificar las obras, sino de acercarlas a los espectadores.

Después de esta experiencia, ¿qué reflexión le sigue dejando abierta “Las aves”?
Sabíamos que la obra se estrenaría en un año políticamente complejo, pero siento que los acontecimientos recientes la han vuelto todavía más vigente. “Las aves” habla precisamente de cómo una persona que tiene la oportunidad de construir algo termina utilizando ese poder para satisfacer sus propios intereses y ambiciones. Esa reflexión sigue resonando profundamente en nuestra realidad.
SOBRE EL DRAMATURGO
Mateo Chiarella, Dramaturgo
Es licenciado en Comunicaciones con especialidad en Artes Escénicas y magíster en Musicología por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). A lo largo de su trayectoria ha dirigido importantes montajes teatrales y musicales.
16 de agosto finaliza la temporada de “Las aves”.
48 años tiene el dramaturgo nacido en Lima en 1978.
50 obras ha dirigido, entre ellas Cabaret, Chicago y El chico de Oz.





