Irina Burgos es educadora, especialista y crítica de literatura infantil, con posgrado en Literatura Infantil y Animación a la Lectura por la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Actualmente desarrolla la propuesta cultural y literaria de la Biblioteca Infantil y Juvenil El rincón de Malala.
Irina, ¿cómo se percibe la literatura infantil peruana en el mundo? Con respecto a este congreso, puedo comentar, sobre todo, la presencia de la literatura infantil peruana en la Lista de Honor de IBBY 2024, que reúne una selección, según los criterios de la organización, de las mejores obras que se publican en los países que conforman sus secciones internacionales. En el catálogo presentado en Trieste, Italia, se incluye, en la categoría autor, a Óscar Colchado, por “La Serpiente cósmica”; en la categoría ilustrador, a Fátima Ordinola, por “Sopa”, de María Laura Bustamante; y en traducción, a Eduardo Castillo Vargas y Corina Salvatierra, por “Un canto en la floresta”, de Ana Luisa Ríos. Este reconocimiento garantiza la circulación internacional de estos títulos. Por otro lado, más allá de este evento, es preciso reconocer el posicionamiento internacional de la escritora Micaela Chirif y las ilustradoras Issa Watanabe, Fátima Ordinola y Fabiola Anchorena. Sus múltiples premios, traducciones y el creciente interés académico confirman que su obra posee una altísima factura estético-literaria.
¿Qué criterios usas para seleccionar libros infantiles de calidad? Durante el 2025 coordiné varias publicaciones de obras infantiles y juveniles del plan editorial de la Biblioteca Nacional del Perú. Si bien se realizaron junto con un equipo, hay innegociables como la originalidad e innovación, la destreza en el uso de los recursos estilísticos, la coherencia de la estructura, la verosimilitud, las connotaciones… En el caso de la poesía: el ritmo, la musicalidad, la sonoridad y la maestría en la imagen verbal. En cuanto a las ilustraciones, es absolutamente relevante la armonía entre el estilo pictórico y el estilo literario, además de que no se reduzcan a una función meramente ornamental, sino que aporten más elementos al relato y jueguen con las posibilidades de interpretación. La literatura infantil siempre debe implicar el disfrute del desafío intelectual y una exquisita ruptura con lo ordinario.
¿Por qué una biblioteca infantil lleva el nombre de Malala Yousafzai? Por el peso simbólico de la figura de Malala Yousafzai en su defensa de la educación de las mujeres. Bajo esa potente imagen y premisa, nuestra fundadora, Ana Mendoza, creó la Biblioteca Infantil y Juvenil “El rincón de Malala”, en Las Brisas, Ancón, como un espacio en el que los niños y jóvenes, junto con sus familias, puedan acceder gratuitamente a libros de alta calidad, disfruten de la cultura literaria y artística, y amplifiquen sus oportunidades de desarrollo personal.
¿Cómo ha sido dictar el taller en Arequipa sobre “Caperucita se comió al lobo”? Una experiencia muy rica y grata gracias a la convocatoria de Aleergrate, porque concitó a distintos profesionales e instituciones vinculadas a la literatura infantil y eso es una muestra del interés por profundizar en este campo. Pienso que pude dejar en claro que cuando hablamos de innovación estamos hablando de forma y no de tema, y que la literatura infantil “no es cosa de niños” en el sentido de que, por su elevado nivel de sofisticación en términos textuales, pictóricos y editoriales, amerita abordajes rigurosos desde la creación, la mediación y la política pública.
PERFIL
Irina Burgos, educadora. Posgrado en Literatura Infantil y Animación a la Lectura por la Universidad Católica Sedes Sapientiae, diplomada en Museología por la Universidad La Salle, educadora por la Universidad Nacional de Piura.
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