El fundo Masajcancha, en el distrito jaujino de Paccha, cumple 25 años de ser un ingenio experimental duradero, responsable y técnico en el manejo del agua, más allá de que es de por sí una luz de esperanza para la escasez hídrica.
Hace unos días, el promotor de este proyecto agroambiental, César Dávila, lideró una visita guiada por este proyecto, mostrando su parque temático cultural, áreas forestales, chacras de productos altoandinos, invernaderos y su buque insignia: las cochas o estanques escalonados que preservan agua proveniente de las laderas.
Este espacio verde de 20 hectáreas de superficie posee un relieve que combina quebradas, llanos y pendientes ideales para plantaciones de diferentes especies nativas y foráneas.

APROVECHA EL AGUA QUE BAJA DE LOS CERROS
Aquí, el agua es el principal motor biológico de la zona, el elemento que es aprovechado inteligentemente para alentar y preservar la vida vegetal y animal. La franja hídrica que va de sur a norte propicia una diversidad climática creando condiciones experimentales especiales para el manejo agrario.
Raúl Vela, periodista jaujino resume: “El fundo ‘La Cosecha del Futuro’ emerge como un oasis en medio de la aridez, no solo por su exuberante vegetación, con cultivo y plantaciones forestales, sino por el mensaje que lleva implícito: el agua es la clave para el desarrollo humano y económico”.
SIEMBRA DE AGUA
Desde sus comienzos el año 2000, el fundo ha sido un laboratorio vivo de prácticas agrícolas sostenibles. Dávila Véliz ha dedicado gran parte de su propiedad a proyectos de captación y almacenamiento de agua, reconociendo su valor tanto para la supervivencia humana como para la producción agrícola.
La plantación estratégica de especies forestales nativas sembradoras de agua como el colle, aliso, quisuar, cahchacomo y el quinual no solo protege los suelos de la erosión, sino que también contribuye a la captura de humedad atmosférica y la recarga de acuíferos, generando riachuelos y manantiales.
SIEMBRA ORGÁNICA LIBRE DE AGROQUÍMICOS
Además, en el fundo se destina a la agricultura orgánica, no solo para satisfacer la demanda de alimentos saludables, sino también como un reconocimiento a la biodiversidad y la salud de los ecosistemas. Cultivos nativos como la quinua, tarwi, olluco, papa, oca y mashua no solo son nutritivos, sino que también promueven la resiliencia frente al cambio climático.
Como parte de este proyecto ha considerado la construcción de reservorios, microrreservorios o qochas, zanjas de infiltración, actividades de forestación y reforestación, priorizando especies nativas y la siembra de pastizales.




