El sismo de magnitud 6.1 en Ica el 19 de mayo de 2026 ha sido el más intenso registrado en el país en lo que va del año, según el Instituto Geofísico del Perú. Ante un eventual sismo de mayor magnitud, las familias iqueñas presentan mayores riesgos cuando la calidad de su vivienda es baja, lo cual está asociado a si su proceso de construcción es formal o informal.
Viviendas vulnerables
De acuerdo con cálculos del IPE, en los últimos veinte años, de todas las viviendas nuevas construidas en Ica, más de la mitad surgieron de manera informal, sin título de propiedad ni garantías estructurales básicas. En particular, entre 2007 y 2025, el número de viviendas informales en las ciudades de la región pasó de 67 mil a más de 123 mil, con lo cual más de 400 mil habitantes de la región viven actualmente en construcciones vulnerables.
La ausencia de supervisión técnica en la construcción tiene consecuencias directas en la calidad de las edificaciones. A 2024, solo el 21.0% de las viviendas informales fue levantado con asistencia de un ingeniero o arquitecto, y apenas el 20.5% contó con licencia municipal. Como resultado, estas viviendas están construidas con materiales frágiles: el 51.2% tiene techos de calamina o fibra de cemento, el 39.5% paredes de adobe o quincha, y el 81.0% tiene pisos inadecuados; en este último, el porcentaje es mayor al promedio nacional (72.4%).
En cuanto al acceso a servicios básicos, con cifras al 2024, el 43% de las viviendas informales en Ica lleva 20 años o más sin conexión a la red eléctrica pública, mayor al promedio nacional (29%). Además, en la última década, las viviendas sin acceso a agua ni desagüe crecieron de 13.7% a 19.9%, por encima del nivel nacional (17.4%). Pese a esto, el presupuesto para inversión pública asignado mediante el Programa Nacional de Saneamiento Urbano cayó 16.6%, ajustando por inflación, entre 2015 y 2026.

En cuanto a la oferta de vivienda formal, Ica cubre solo la mitad de su propia demanda: se construyen alrededor de 2,754 viviendas formales al año frente a una necesidad estimada de 5,490 nuevos hogares. Cuando la oferta formal no absorbe esa demanda, el déficit se traslada a la construcción informal, perpetuando las condiciones de precariedad. Para frenar el avance de la vivienda informal y cerrar la brecha habitacional en los próximos diez años, el número de viviendas construidas de manera formal cada año tendría que multiplicarse por 1.6.
De cara a las elecciones regionales y municipales de octubre, es indispensable que los candidatos presenten propuestas concretas para atacar la informalidad habitacional en Ica desde ambos frentes: contener la expansión irregular mediante una planificación urbana efectiva, y al mismo tiempo acelerar la oferta formal a través de la simplificación de licencias de construcción y el impulso a la inversión en vivienda social mediante mecanismos como Obras por Impuestos (OxI) y Asociaciones Público-Privadas (APP). Sin estas medidas, el crecimiento de la ciudad seguirá siendo, en gran medida, informal.

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