Una enfrenta la ciudad de Pisco debido al mal uso del sistema de alcantarillado, donde diariamente se encuentran grasa solidificada, plásticos, trapos, juguetes y otros residuos que no deberían llegar. Esta problemática viene provocando atoros, colapsos y aniegos que afectan viviendas, comercios y la vía pública, poniendo en riesgo la salud de miles de familias.

Trabajos constantes

Todo el caudal de aguas residuales es conducido hacia la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Emapisco S. A., donde pasa por un proceso inicial de separación de sólidos mediante rejillas. Cada media hora, el personal operativo debe retirar manualmente grandes cantidades de desechos; de no hacerlo, el sistema colapsaría rápidamente, generando desbordes y severas fallas en la infraestructura sanitaria.

Pese al trabajo permanente de las cuadrillas de alcantarillado, el uso del equipo hidrojet y las constantes intervenciones en cámaras de bombeo para proteger los equipos electromecánicos, la acumulación irresponsable de residuos continúa siendo una amenaza latente. Estas malas prácticas incrementan las emergencias, elevan los costos de mantenimiento y reducen la vida útil del sistema.

Las imágenes obtenidas durante las labores de limpieza evidencian la gravedad del problema: bloques de grasa endurecida y objetos domésticos atrapados en las redes de desagüe. Cada residuo arrojado indebidamente representa un riesgo directo para la comunidad y puede desencadenar nuevos aniegos en cualquier momento.

Ante este panorama, las autoridades realizan un llamado urgente a la ciudadanía para asumir un rol activo y responsable: el alcantarillado no es un basurero. El agua que se trata regresa a la naturaleza, y su correcta gestión depende también del compromiso de cada vecino. Cuidar el sistema de desagüe es proteger la salud pública, el medio ambiente y el futuro de Pisco.

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