
1 / 12 Piura, la ciudad que espera que una obra la salve del agua (Fotos: Correo Piura)

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3 / 12 Piura, la ciudad que espera que una obra la salve del agua (Fotos: Correo Piura)

4 / 12 Piura, la ciudad que espera que una obra la salve del agua (Fotos: Correo Piura)

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11 / 12 Piura, la ciudad que espera que una obra la salve del agua (Fotos: Correo Piura)

12 / 12 Piura, la ciudad que espera que una obra la salve del agua (Fotos: Correo Piura)
El 27 de marzo de 2017, el río Piura dejó de ser una amenaza lejana. Creció, se desbordó y convirtió calles, urbanizaciones y viviendas en enormes extensiones de agua. Aquella jornada quedó grabada en la memoria de una ciudad que, nueve años después, sigue mirando al río con la misma pregunta: ¿qué ocurrirá cuando vuelva a crecer?
Desde entonces, Piura ha tenido miles de millones de soles presupuestados, una sucesión de autoridades y varios planes para evitar que la historia se repita. Pero las grandes obras que debían proteger definitivamente a la ciudad todavía no están construidas. Si el río vuelve a crecer, Piura tendrá que confiar otra vez en obras temporales, sistemas de bombeo y trabajos de emergencia.
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Las cifras muestran el tamaño de esa deuda. Después de El Niño Costero de 2017, el Plan Integral de Reconstrucción con Cambios asignó a Piura S/7,541 millones. De ese monto, S/5,696 millones estaban destinados a reconstruir infraestructura afectada y otros S/1,845 millones exclusivamente a proyectos y actividades de prevención de inundaciones.
No era una cifra menor. El propio Plan de Reconstrucción señalaba que esos S/7,541 millones equivalían aproximadamente al 30% del Producto Bruto Interno regional y a casi cinco veces el presupuesto promedio que Piura había destinado a obras durante los tres años anteriores.
Sin embargo, mientras colegios, carreteras, establecimientos de salud y otras infraestructuras fueron reconstruidos, las obras estructurales destinadas a impedir una nueva inundación avanzaron a otro ritmo: mucho más lento.
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La evidencia más contundente está ahora en los propios documentos de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN).
La Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (ARCC) dejó de existir el 31 de diciembre de 2023 y sus proyectos pasaron a la ANIN. A nivel nacional, esta recibió 194 proyectos de inversión, incluidos 56 contratos ejecutados bajo el acuerdo Gobierno a Gobierno con el Reino Unido, valorizados en S/29,110 millones.
Pero en Piura ocurrió algo particularmente revelador. En febrero de este año, la ANIN informó que cuando recibió el encargo de desarrollar el Drenaje Pluvial de Piura, Castilla y Veintiséis de Octubre y el proyecto de Control de Inundaciones del río Piura, ambas intervenciones figuraban únicamente como “idea” en el sistema Invierte.pe.
No había proyecto ni perfil aprobado proveniente de la anterior entidad ejecutora.
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La ANIN recibió como insumo técnico un Plan Maestro de Drenaje, pero tuvo que iniciar el procedimiento para convertir aquellas propuestas en proyectos de inversión viables.
El dato retrata el retraso con crudeza: casi siete años después de la inundación de 2017, cuando desapareció la Reconstrucción con Cambios, las dos grandes intervenciones llamadas a proteger definitivamente a Piura todavía no habían superado las primeras etapas del sistema de inversión pública.
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MÁS DE S/9 MIL MILLONES
En abril de 2026, la ANIN informó que los proyectos vinculados al control de inundaciones del río Piura y al drenaje pluvial de la ciudad representaban una inversión estimada conjunta de más de S/9,000 millones.
El drenaje dio recién un paso decisivo el pasado 27 de junio, cuando la ANIN obtuvo la declaratoria de viabilidad del proyecto para Piura, Castilla, Veintiséis de Octubre y Catacaos.
La magnitud de la obra deja claro lo que todavía falta. Contempla 52 sistemas de drenaje pluvial, agrupados en diez componentes, para cubrir 7,621 hectáreas y beneficiar directamente a 726,376 habitantes.
El proyecto todavía debe pasar por la elaboración del expediente técnico y las posteriores etapas de inversión.
Con el río Piura ocurre algo parecido. Recién el 17 de julio de 2026, la ANIN consiguió la viabilidad del proyecto de mejoramiento y ampliación de los servicios de protección de las riberas vulnerables frente a inundaciones y erosión del río Piura. La intervención deberá proteger a más de 600,000 habitantes de las provincias de Piura y Morropón.

Para la decana del Colegio de Arquitectos de Piura, Laura Morocho Gago, el problema va mucho más allá de las obras que aún faltan. A su juicio, las autoridades siguen actuando cuando la emergencia está a la vuelta de la esquina, en lugar de cambiar las condiciones que hacen vulnerable a la ciudad.
“Solo nos estamos preparando para resistir el golpe, pero no estamos previniendo nada. Piura no es la primera vez que va a sufrir un FEN, este problema no es nuevo”, advirtió Morocho.
La arquitecta cuestiona que, pese al dinero destinado durante sucesivas gestiones, Piura todavía no haya conseguido convertirse en una ciudad preparada para enfrentar fenómenos naturales.
“Han pasado muchísimas autoridades, se ha invertido muchísimo dinero, sin embargo, no hemos tenido hasta ahora resultados que nos permitan tener una ciudad segura, una ciudad resiliente, una ciudad que pueda afrontar fenómenos naturales como El Niño”, afirmó.
Para Morocho, una de las raíces del problema está en el crecimiento urbano sin suficiente planificación.
“Mientras no ataquemos eso, seguiremos vulnerables no solo ante el FEN, sino ante un sismo, a la crecida de una quebrada, un incendio forestal o un ciclón”, señaló.
La decana sostiene que Piura debe abandonar el enfoque exclusivamente reactivo y apostar por una planificación territorial preventiva, articulada entre las municipalidades, el Gobierno Regional y el Ministerio de Vivienda.
También advierte que la expansión urbana de la última década ha incrementado las denominadas cuencas ciegas y modificado el desplazamiento natural de las aguas.
EL RÍO, OTRA VEZ
Hay, además, una amenaza inmediata: la capacidad del río. El decano del Colegio de Ingenieros de Piura, Manuel Asmat, advierte que existen sectores donde la sedimentación alcanzaría hasta los cuatro metros. A ello se suma la vegetación acumulada, que reduce la caja hidráulica.
Para el ingeniero, los trabajos actuales deberían ejecutarse con mayor intensidad.
“Ya son nueve años prácticamente desde que nos hemos inundado y deberíamos tener obras definitivas, pero no las tenemos. Ante eso, las acciones de emergencia y mitigación no están avanzando a la velocidad necesaria”, sostuvo Asmat.
El especialista plantea acelerar la descolmatación y considera necesario trabajar incluso las 24 horas ante la proximidad de las lluvias.

Otro punto crítico está en la salida del agua. Asmat considera urgente ensanchar el canal Chutuque para permitir que parte del caudal sea derivado hacia Pampa Las Salinas y trabajar posteriormente su evacuación.
“Chutuque te permite que el agua pueda discurrir una parte del caudal hacia Pampa Las Salinas. Luego, la salida al mar desde Pampa Las Salinas es otro trabajo, pero por lo menos va a servir como un alivio al caudal del río Piura”, explicó.
También exige acelerar la limpieza del sistema de alcantarillado y verificar que los Sistemas Alternativos de Recolección y Evacuación de aguas de lluvia (SARE) estén operativos cuando llegue el momento de necesitarlos.
BOMBAS
Morocho pone sobre la mesa otra lección que dejaron las anteriores emergencias: de poco sirve tener equipos si fallan justamente cuando comienza la lluvia.
“Debemos tener los cauces de los ríos limpios porque el volumen de agua que viene es importante y el río debe tener salida al mar, caso contrario eso va a generar que nos inundemos”, sostuvo.
La arquitecta recuerda además los problemas registrados anteriormente con los sistemas de evacuación.
“Tenemos sistemas de bombeo que no funcionan porque no está la persona que lo activa o que no funcionan porque simplemente no tienen combustible y eso ya ha pasado en varios fenómenos”, explicó.
A la vulnerabilidad del río se suma la de hospitales, colegios y miles de viviendas levantadas mediante autoconstrucción.
“Hay hospitales que son una coladera en sus techos, que están construidos en zonas vulnerables”, cuestionó Morocho. Frente a ello, considera necesario impulsar incluso bonos o créditos que permitan a las familias acondicionar sus viviendas para enfrentar las lluvias.
















