Aún recuerdo el sabor perfecto de ese cheesecake y la primera vez que llegó a mis manos. Mucho antes de que las tartas de queso estuvieran de moda, Ana Luisa Velarde sorprendió a Lima, hace más de diez años, con una encantadora pastelería en la esquina de Mendiburu y Mariano Melgar. Colores pasteles, cocina y taller abiertos y una amplia vitrina con un sin fin de dulces. Ana Avellana abría sus puertas en el momento en que las pastelerías recién empezaban a cobrar protagonismo en nuestro país. Con mucho esfuerzo se ganó un nombre entre los dulceros de Lima y hoy cuenta con cinco locales en la ciudad.
Ana siempre disfrutó cocinar y a medida que fue creciendo se dio cuenta que la cocina podía ser su carrera, aunque ingresó a la Universidad de Lima a psicología, y rápidamente notó que eso no era lo suyo. En un viaje a Paris se enamoró de sus vitrinas, de los cafés y bistros, y entendió que ella quería algo así, “un lugar donde la gente pudiera quedarse sin mirar el reloj, rodeada de aromas dulces y el murmullo constante que tienen los espacios vivos”, cuenta en “Dulce y no tan dulce” su primer libro de recetas a la venta en todas sus tiendas.
Viajó a Nueva York donde estudió en el Culinary Institute y, lo que iba a ser un curso de unos meses, se volvieron dos años y medio de aprendizajes y madrugadas entre masas y hornos. El siguiente destino fue Miami.
Allí se convirtió en madre, y aprendió que dirigir una cocina se parece mucho a dirigir una familia. “Ambas requieren paciencia, improvisación y nervios de acero”, cuenta Ana.
Regresar a Lima fue empezar una vez más. No crean que el primer local se abrió rápidamente. Antes Ana hizo catering, mesas dulces y muchos eventos; incluso una cafetería en Casacor, la que le demostró que el sueño del local propio era posible. En ese interín apareció el espacio de sus sueños, esa esquina de sus caminatas infantiles por el mercado, en Miraflores. Y así, tocando puertas, y pidiendo ayuda, es que en el 2015 abre las puertas del local de Mendiburu.
Fue así que esta peruana talentosa, convirtió su amor por la cocina en una profesión y forma de vida. Para Ana Luisa la pastelería no es solo hacer dulces: es tiempo, oficio, memoria y afecto. Detrás de su amplia sonrisa, y sus ojos grandes, hay un talento enorme que en los últimos años tuvo que hacer una pausa. Una pausa como la que hace la pastelería para hornear. “Una pausa que a veces me recuerda a las que nos impone la vida, con sus crisis y sus cambios o reivindicaciones”, nos cuenta.
Luego de esa pausa personal, vuelve recargada a la pastelería de barrio que tanto disfruta. Ha tenido remodelaciones, ahora la barra se encuentra a un lado del local, y al fondo hay una hermosa vitrina de helados. Estén atentos que pronto llegará su marca propia. En este tiempo se han sumado cuatro locales más, y un hermoso libro donde comparte veinte recetas con las historias que las inspiraron, como el cheesecake que les mencioné al principio de esta nota y que para mí es de los mejores en la ciudad. O el key lime pie, una especie de pie de Limón sin merengue, famoso en Estados Unidos, y que Ana trajo a nuestro país. O los alfajores, rellenos con abundante manjar de olla.
Se trata de un libro que rinde homenaje y agradecimiento a su familia, su equipo, sus clientes y amigos, que han hecho de Ana Avellana parte de su vida. También estrena su propio canal de YouTube donde comparte recetas e historias. Luego de mucho tiempo en la televisión, Ana se reencuentra también con el público que tanto la extraño en casa, y vuelve feliz a ese lugar donde todo tiene sentido para ella: la cocina, un espacio donde empieza cada día haciendo lo que más la hace feliz.
Locales
- Mendiburu 1096
- Plaza Lima Sur
- Cc La Molina
- Real plaza Salaverry
- Cc La Rambla
@ana.avellana





