“Fui mal alumno en el colegio, muy disperso, y necesitaba algo que me enfocara, la cocina me ayudó a ordenarme, me encantó el rush, y estar allí metido...”, escribe Jimena Agois, periodista y fotógrafa gastronómica.
“Fui mal alumno en el colegio, muy disperso, y necesitaba algo que me enfocara, la cocina me ayudó a ordenarme, me encantó el rush, y estar allí metido...”, escribe Jimena Agois, periodista y fotógrafa gastronómica.

Hace muchos años que Rodrigo Fernandini se enamoró de la cocina. Sus primeras incursiones en los fogones fueron en su casa, de pequeño, junto a su mamá, su gran aliada en la infancia y, hasta el día de hoy, siempre a su lado. Entró a una cocina profesional sin saber absolutamente nada, con solo las ganas y mucho empeño, pero supo inmediatamente que ese era el lugar donde quería estar.

Trabajó desde muy pequeño en el modelaje y la publicidad; y eso le permitió pagar su carrera en el Cordon Bleu. Al terminar, viajó a Los Ángeles, donde comenzaron los días sin tregua, las noches de inspiración, los ajustes del servicio, los aciertos y tropiezos gastronómicos. “Fui mal alumno en el colegio, muy disperso, y necesitaba algo que me enfocara, la cocina me ayudó a ordenarme, me encantó el rush, y estar allí metido, no importaba el tiempo”, cuenta Rodrigo. El chico sin rumbo había encontrado su oficio.

Su pasión, perseverancia y conciencia de un destino que se le presentaba claro, le valió para trabajar en varias cocinas hasta llegar a Nueva York donde abrió Artesano, su primer restaurante en el 2022. Previo a eso, llegó la pandemia, y los videos de recetas se volvieron su forma de seguir cocinando. Así comenzó a crear comunidad y “Buenazo”, se convirtió en la palabra con la que sus seguidores lo identifican a donde vaya. Son 2.2 millones en Instagram y otros 2.6 millones en Tik Tok. Una comunidad sólida que lo sigue a donde sea, prueba de ello fue el éxito del primer “Buenazo Fest”, su propia feria gastronómica, que ya tiene dos fechas para este 2026, y casi agotó entradas en preventa.

Nos conocimos hace dos años, cuando Rodrigo hizo un recetario para una marca local, recién llegado a Lima. El 2025 tuve el placer de fotografiar su primer libro, y ver la ilusión de este joven cocinero de hacer realidad ese sueño, que para muchos puede parecer tan lejano. En esas largas sesiones y conversaciones, Rodrigo soñaba con un local en Barranco. Quería abrir un restaurante en su país y poder recibir a sus seguidores y mostrarles en vivo y en directo su cocina.

Fernandini Restaurante es por fin una realidad, y ver los ojos de este joven cocinero brillantes de emoción, reconforta. La cocina abierta permite verlo dándole máquina a la cabeza, poniendo el cuerpo al día a día de su restaurante. Como una roca fija que persiste y resiste con la misma línea, el mismo amor, el mismo fuego. El restaurante está ubicado en pleno Boulevard de Barranco. En una nota anterior comentamos que el barrio está cambiando, y esta es una señal más de que deben darse un paseo por la zona.

La casona de color salmón se impone a mitad de camino, tiene una terraza amplia alrededor, donde se sirve la carta. Mesas impecables de madera, luz tenue, cocina a la vista que permite observar el ritmo sostenido pero sin cortocircuitos del equipo. En el segundo piso hay un salón sobrio donde uno puede pedir el menú degustación que el chef ha creado inspirado en sus viajes por el Perú.

En ese menú, Fernandini hace hincapié en los excelentes productos nacionales y de temporada. Lleva dos años viajando por el país, conociendo productores e insumos, y aunque por sus venas corre sangre norteña, la sierra y la selva también son su inspiración. El dominio de técnicas contemporáneas y sazones poco obvias es indiscutible. Son diez pasos que Rodrigo llama “Latidos”. El primero empieza en Moyobamba y se degusta en dos bocados, un gel agridulce de cocona con hormiga Xixapa, conocida por su abultado abdomen, y considerada un “caviar amazónico”. Viene con un chucrut de col y airampo, donde sólo se sirve el líquido como bebida. El siguiente paso es “Fronteras Saladas” tres bocados que llegan juntos a la mesa: Una ostra con leche de tigre de kimchi elaborado en casa, luego un ceviche de pesca del día con la que hacen un gravlax peruano con airampo, pisco y cítricos. Se sirve también con una leche de tigre, esta vez de mango piurano. Y el tercero es un tiradito de trucha, la leche de tigre es de chirimoya. Luego nos vamos a la sierra, con “Raíces Elevadas”: ollucos, mashuas y ocas. Un plato lleno de texturas, donde uno puede apreciar que en este espacio la calidad de la materia prima no se negocia. Hay riesgo y conocimiento de causa, hay producto y talento. También hay sabor y acierto en el “Valle del loche”, un plato tributo a sus raíces, donde el loche se realza con el pato madurado que se utiliza al 100%. Y así, uno a uno, vamos viajando por el Perú, como hilo conductor, sus insumos y sus sabores.

Definir una propuesta de manera firme, con buen servicio de sala, a tan poco tiempo de abrir un restaurante no es fácil. El camino es largo, pero a Rodrigo se le nota contento, emocionado, quizás es la adrenalina que corre por sus venas, abrir un nuevo restaurante siempre es emocionante. O quizás es su forma de ocultar los nervios que ésto conlleva. Lo cierto es que para este joven cocinero, los sueños suelen hacerse realidad, esperamos que éste lo siga llevando muy alto.

Para llegar

Fernandini está en Sánchez Carrión 112, Barranco

T. +51 932 605 873

Reservas: fernandini.pe ­@fernandinirest.