El uso diario de aplicaciones, redes sociales y plataformas digitales aumenta la cantidad de información almacenada o gestionada desde el smartphone. Estas cuatro prácticas ayudan a reforzar la seguridad de las cuentas y datos personales.
El uso diario de aplicaciones, redes sociales y plataformas digitales aumenta la cantidad de información almacenada o gestionada desde el smartphone. Estas cuatro prácticas ayudan a reforzar la seguridad de las cuentas y datos personales.

El smartphone concentra cada vez más actividades cotidianas: comunicaciones, redes sociales, estudios, trabajo, compras y, en algunos casos, operaciones financieras. Esta variedad de usos también implica gestionar desde un mismo dispositivo una cantidad considerable de información personal.

Frente a ello, algunas prácticas básicas pueden contribuir a reducir la exposición de datos y reforzar la seguridad de las cuentas. Gustavo Varela, especialista en entrenamiento de vivo Smartphones, plantea cuatro hábitos que los usuarios, especialmente los jóvenes, pueden incorporar en el uso cotidiano de sus celulares.

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1. Revisar los permisos de las aplicaciones

Una aplicación puede solicitar acceso a la cámara, el micrófono, la ubicación, los contactos, las fotografías u otras funciones del dispositivo. Sin embargo, no todos estos permisos son necesariamente indispensables para su funcionamiento.

Por ello, es recomendable comprobar los accesos solicitados al momento de instalar una aplicación y revisarlos posteriormente desde la configuración del teléfono. Si un permiso ya no es necesario para utilizar determinada función, puede restringirse.

También conviene prestar atención a aplicaciones que solicitan accesos que no parecen guardar relación con el servicio que ofrecen.

2. Proteger las aplicaciones con información sensible

Aplicaciones bancarias, plataformas de pagos, correos electrónicos y redes sociales pueden contener datos personales o facilitar el acceso a información privada. Protegerlas añade una barrera adicional si otra persona consigue acceder físicamente al teléfono.

Una alternativa disponible en algunos smartphones consiste en ocultar determinadas aplicaciones o restringir su apertura mediante una contraseña, PIN u otro mecanismo de autenticación.

En equipos vivo, por ejemplo, existe una función para ocultar aplicaciones y limitar posteriormente su acceso. Más allá del fabricante del dispositivo, es recomendable comprobar qué herramientas de privacidad y bloqueo ofrece el sistema operativo del celular.

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3. Tener cuidado con las redes Wi-Fi públicas

Las redes Wi-Fi abiertas pueden resultar útiles cuando no se dispone de conexión móvil, pero requieren mayor precaución, especialmente cuando no se conoce quién administra la red.

Una recomendación práctica es evitar operaciones sensibles —como acceder a servicios bancarios, realizar pagos o introducir credenciales importantes— mientras se utiliza una conexión pública o desconocida.

También es importante verificar el nombre de la red antes de conectarse y evitar enlaces o solicitudes inesperadas que aparezcan durante la navegación.

4. Usar contraseñas únicas y activar la verificación en dos pasos

Reutilizar una contraseña en diferentes servicios aumenta el riesgo de que una filtración en una plataforma termine afectando otras cuentas del usuario.

Por ello, es recomendable utilizar contraseñas diferentes para cada cuenta y evitar claves fáciles de adivinar. Un gestor de contraseñas puede facilitar la creación y almacenamiento de credenciales únicas.

Otra medida importante es activar la autenticación o verificación en dos pasos (2FA) cuando el servicio la ofrezca. Esta capa adicional puede dificultar el ingreso de terceros incluso cuando una contraseña haya quedado expuesta.

Seguridad digital como parte de la rutina

Proteger la información personal no depende de una sola configuración. Revisar periódicamente permisos y accesos, mantener protegidas las aplicaciones sensibles y reforzar las credenciales permite reducir riesgos durante el uso cotidiano del smartphone.

Estas medidas pueden complementarse con otras prácticas, como mantener actualizado el sistema operativo y las aplicaciones, instalar software desde tiendas oficiales y desconfiar de enlaces o archivos inesperados.

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