El último domingo 8 ha dejado la vida terrenal rumbo al olimpo de la palabra hecha arte, el poeta salaverrino, macerado y cultivado en Trujillo, Andrés Aguirre Lynch, con quien nos conocimos, alternamos y compenetramos profundamente a comienzos de la década del 70, en la experiencia de los Estudios Generales, original propuesta de la Universidad Nacional de Trujillo, con el propósito de sentar las bases de una sólida cultura general en los estudiantes universitarios como condición previa para orientarse luego por los años de la formación profesional de cada uno. Director de esa propuesta fue nuestro maestro común de Literatura Antonio González Villaverde.
TRAYECTORIA LITERARIA
Andrés Aguirre estudió la primaria en el Centro Escolar de Varones 246, de su natal Salaverry, mientras que la secundaria, en el Colegio Nacional de San Juan. Ejerció con sabiduría, sencillez, profundidad y decencia el magisterio en el San Juan, la Escuela de Servicio Social de la Pontificia Universidad Católica, que funcionaba en Trujillo, y la Universidad Antenor Orrego. Integró el Grupo “Aramauta” y fue ganador en poesía de los Juegos Florales de la Universidad Nacional de Trujillo, en 1960.
En poesía publicó dos notables poemarios “Arista del silencio” y “Rapsodia”; fue editor y director de las revistas literarias “Rada” y “Masa”; asimismo, en el periodismo destacó como redactor del diario “El Liberal” y también fue director del diario “El Nacional”. Podemos agregar el trabajo de tema natal “Chunas”, que realizó conjuntamente con mi paisano de Salpo, Manuel Alvarez Haro, profundamente compenetrado con Salaverry y con el poeta.
ARISTA DEL SILENCIO: LA VIDA
Obra de arte cuando la palabra es, verdaderamente: cincel, unción, luz, amor y vida. Poesía de madurez y plenitud, genuino brote de juventud. Después de todo, la auténtica poesía casi nunca brota con toda su plenitud en la adultez razonadora y fría, sino en la emoción y frescura de los años mozos, avivada por el fuego del corazón, el sentir y la pasión.
En efecto, la poesía de Andrés Aguirre no es de práctica ideológica, de proclamas ni de arengas. Nada de arte comprometido. Simplemente poesía esencial; es decir: belleza, elevación y plenitud. Poesía de un creador singular, que, con el exclusivo empleo de la palabra artística, se eleva hasta la contemplación de la vida.
En efecto, en su fresco y evocador libro, el poeta salaverrino plasma su concepción de la vida como una magnitud fugaz e irreversible, donde la aventura del hombre se desliza en silencio: “El hombre es solo un punto imperceptible / y es múltiple el deseo de la muerte”.
TRASFONDO DEL MAR
Salaverrino él, es natural e imprescindible la presencia del mar en su poesía. Y el mar no es simplemente referencia, sino actuación concreta y protagonista, con todos sus elementos constitutivos y asociados: oleajes, muelles, arenas, playas, veleros, celajes, brisas, algas, gaviotas, horizontes…; pero también: silencio, quietud, remanso y amor.
Así lo revelan estos evocativos versos: “Las aves, en la arena, buscaban el reflejo / diluido del día. // (Tus manos) suaves, lentas; tus labios, tu silencio. / Dónde estarás, gaviota sensitiva, / copo de espuma en el espacio, rauda? / ¿Dónde? A qué playa/ solitaria arriba / con alas lentas tu melancolía”.
RAPSODIA: REAFIRMACIÓN DEL POETA
El segundo poemario de Andrés, “Rapsodia” (2001), consolida y reafirma al poeta transido de emoción, de deslumbramiento ante la visión del mar, recuerdo y nostalgia de la niñez y el hogar. El lenguaje, siempre elegante y original, trae también resonancias orales, armónicas, de sorprendentes imágenes auditivas. Todo ello, para mostrar en conjunto la visión paisajista y espiritual del otoño, el invierno y el hogar.
Este singular poemario concluye con una feliz plasmación de prosa poética, plasmada en “Prosas de invierno”, el mismo que revela el dominio, madurez y destreza del poeta, para quien la poesía —en prosa o verso— es esencialmente elaboración, naturaleza y jerarquía artística. Así lo revelan estas líneas: “Sobre la arena, la noche fue esparciendo su acerado silencio / Una débil neblina vigilaba los sueños. / Dormían los anhelos a merced del olvido b/mientras, flagrantes, las manos del invierno recorrían las calles, las viviendas, los cuerpos”.
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ANTOLOGÍA DE MAESTROS
El aporte de Andrés Aguirre Lynch a la poesía y a la literatura regional también se plasmó en la antología poética “Voces del tiempo”, editada por la Junta Directiva de la Asociación Regional de Cesantes y Jubilados de Eduación de La Libertad”, presidida por el también poeta Teobaldo Sánchez Vásquez.
La hermosa muestra reúne las voces de importantes maestros que alternan su función magisterial con el ejercicio de la poesía. Entonces el antólogo reunió las creaciones literarias de: Amada Alcántara Amorós, Manuel Alvarado, Wellington Castillo, Rita Cerna, Francisco Deza, Elmer Encomenderos, Galvarino Gálvez, Marcial García, Amelia Gastañaduí. En otro grupo de maestros poetas aparecen: Camilo Gil, Teodoro Maguiña, Juan Paredes Carbonell, Francisco Pinedo, Diego Rodríguez, Teobaldo Sánchez, Bety Sánchez Layza, Martín Siccha y Angel Uriol.
En la Introducción del mencionado volumen, se expresa claramente el propósito: “Iniciamos, pues, el paso del sueño a la realidad con la publicación de ‘VOCES DEL TIEMPO’”.





