Cemí, seudónimo de José Miguel Vásquez Agüero (Lima, 1983), ha lanzado un libro en el que combina poemas y microrrelatos. “Parte de la temática aborda la adicción, específicamente la del alcohol”, señala el autor, pero adelanta que el texto también habla de otras ansiedades y obsesiones. “Cuando ya no se enfoca únicamente en el consumo, el libro funciona mejor todavía”, sostiene.
Mencionas que uno de los ejes del libro es la adicción, ¿se puede decir que grafica una suerte de lucha por la sobriedad?
Al principio, claro, el libro está plagado de síndrome de abstinencia. Eran las primeras dos o tres semanas sin beber. Para mí, era impensable pasar un día sin beber. Busqué ayuda y empezó a ocurrir ese milagro. Pero cuando yo empecé este libro, no lo empecé como una bitácora, sino más bien era como un acompañamiento mientras yo hacía otras cosas para buscar ayuda. […] Por otro lado, el libro creo que está concebido de cierta manera para que la adicción en su sentido más amplio también pueda ser explorada por otras personas que no necesariamente están atadas a sustancias legales o ilegales. La adicción puede ser un concepto mucho más abierto y generalizado de lo que parece. Se habla, por ejemplo, de obsesión a tener la razón, obsesión a personas, obsesión a no soltar procesos.
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Un punto interesante es que empiezas con un poema y cierras con el mismo poema, solo cambia el título, ¿lo concebiste como completar un ciclo?
El primer poema y el último son como puertas, una de entrada y otra de salida. Siempre quise hacer una duplicación como las hace Luis Buñuel en “El ángel exterminador”, que se atreve a duplicar sus escenas, los diálogos, cambiar pequeños detalles, haciendo giros. Quería que dos poemas tengan el mismo contenido, los mismos versos y que el giro de tuerca se dé por medio del título distinto. Yo suelo decir que estos dos poemas son hermanos gemelos. Pueden parecer muy similares, pero ya hubo un proceso de por medio para llegar al último texto. Entonces, la experiencia del lector ya está mediada por la experiencia de haber leído no solo el primer poema, sino todos los otros hasta llegar al final.
Hay un texto titulado “11 de febrero de 2025”, en que literalmente hablas de las “ganas” de emborracharse, pero la literatura llega al rescate, ¿encuentras que la literatura también puede servir como terapia?
Ese es el único texto que yo diría que es una bitácora, porque es el día que lo escribí y prácticamente lo que está allí es mi voz. Casi no tuve que fabricar una voz poética para poder configurar ese mundo textual. Es casi yo. Es como una especie de emanación directa del autor. Yo soy un enemigo de hablar de que la literatura puede ser una terapia, pero no tengo nada que decirte ahí. No podría refutarlo. O sea, en ese caso, vaya que sí se cumple.
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Y en ese texto hay una referencia clara a Clarice Lispector, señalas que haces un ‘cover’ de su cuento “Perdonando a Dios”, ¿fue su obra esencial en la concepción de tu libro?
Veo en ella que hay una intención por explorar cierta espiritualidad que no se desentiende jamás de la oscuridad, y esa es la única espiritualidad que me puede interesar. Y bueno, definitivamente es una maestra en la exploración del lenguaje. Tiene muchas capas lo que dice. Por eso es que yo andaba como con una Biblia con su libro mientras escribía este. Lo tenía en el regazo y cuando necesitaba alguna palabra, a veces, al azar, cogía cualquiera de sus líneas y la mayoría de veces como que de verdad razonaba enormemente con lo que yo que quería decir. Ella era un excelente punto de partida.
Otro referente literario es el cubano José Lezama Lima, de quien coges tu seudónimo, ¿por qué justamente elegiste el nombre de José Cemí?
José Cemí es el protagonista de “Paradiso”. Es el ‘alter ego’ de Lezama Lima, un hombre entregado a la poesía, un hombre además que en la isla estaría visto con microscopio por su falta de masculinidad. De alguna manera siempre me sentí identificado con su personaje que es un niño asmático que quiere escribir poesía. Entonces, todas las vulnerabilidades estaban ahí mezcladas. Para mí, es un homenaje al autor, igual que a Clarice Lispector.
José Cemí
Escritor
Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Actualmente, prepara el lanzamiento de otros dos libros que completarán una trilogía con “Jugo de fresa en la bañera”.





