En las familias no solo heredamos un apellido o el color de los ojos. También cargamos silencios, ausencias y decisiones que comenzaron mucho antes de nuestra existencia. Esa idea atraviesa “Dejarás la tierra” (Alfaguara, 2017), la novela con la que Renato Cisneros vuelve a explorar la memoria familiar a partir de la historia de Nicolasa, la madre de su bisabuelo, quien durante más de medio siglo mantuvo una relación con el sacerdote Gregorio Cartagena, de la que nacieron siete hijos, en los años en que el Perú daba sus primeros pasos como República.
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En conversación con Correo, el escritor, que presentará su libro este 28 de julio, a las 6:30 p.m., en la Feria Internacional del Libro de Lima, reflexiona sobre el pasado, la identidad y la necesidad de escribir para comprender quiénes somos.
“Con el paso de los años, mi familia entendió la naturaleza del proyecto. Nunca se trató de exhumar secretos por el puro gusto de hacerlo, sino porque creo que todas las familias se parecen más de lo que imaginamos. En todas hay heridas que nunca terminaron de sanar o que ni siquiera intentaron hacerlo”, comenta Renato a Correo.

¿Crees que la memoria familiar y la memoria histórica van de la mano?
Sin duda. Para mí, toda familia es el síntoma de una sociedad. Algunas lo son en mayor medida que otras, pero lo que ocurre dentro de una familia suele reflejar lo que ocurre en un colectivo nacional. Así como en las familias existen tensiones, conflictos y fracturas que deben aprender a sobrellevarse, lo mismo sucede con un país. Si amplías el lente, descubres que la política termina filtrándose en la manera en que las personas se relacionan, se aman, se odian o educan a sus hijos.
En la novela descubres historias de tus ancestros. ¿Sentiste que escribirlas también era una forma de romper ciertos ciclos familiares?
Sin duda. Creo que muchas veces los ciclos se repiten por desconocimiento. Cuando uno dice que su tatarabuelo fue sacerdote puede sonar casi anecdótico. Pero cuando piensas en los hijos de ese hombre, que crecieron sin padre y sin saber quién los había engendrado, entiendes que aquello debió generar inseguridades, miedos y traumas. Y algo de eso se va destilando de generación en generación. [...] Indagar en el pasado también consiste en descubrir esas herencias invisibles que ya estaban en uno sin saberlo.
En la novela aparece esa búsqueda de pertenencia. Los siete hermanos crecen con un padre ficticio mientras el Perú intenta construir su propia identidad como República...
Exactamente. Es una pregunta doblemente relevante porque esos hijos no sabían quién era su padre y, al mismo tiempo, el Perú tampoco terminaba de saber quién era el suyo. Por eso siempre digo que lo privado y lo público dialogan constantemente. La incertidumbre atraviesa tanto la historia de esa familia como la historia del país.
¿Es más complejo reconstruir el pasado cuando aparecen obstáculos, silencios o versiones distintas de una misma historia?
Toda reconstrucción del pasado, sea personal o colectiva, supone encontrarse con equívocos y con relatos contradictorios. Uno no escribe sobre lo que le pasó; escribe sobre lo que cree que le pasó. Por eso me gusta estimular a la gente para que le ponga lenguaje a sus experiencias. Quizá dentro de algunos años o décadas sus hijos puedan entender mejor quiénes fueron sus padres, cómo vivieron su juventud y qué emociones los marcaron. Los historiadores reconstruyen el pasado desde la evidencia; los narradores lo hacemos desde la imaginación y la especulación.
Hoy la memoria también se ha convertido en un tema de debate político. ¿Cómo observas ese escenario desde la literatura?
Creo que eso no va a dejar de ser así, lamentablemente. La memoria también se ha politizado mucho. Hoy intentamos reconstruir el pasado —personal, social o colectivo— no solo a partir del trabajo de la memoria, sino también desde la opinión política, y eso termina distorsionando los relatos. Siento que hoy, más que nunca, la memoria en el Perú es un espacio de disputa.
¿Por qué la familia sigue siendo un territorio tan poderoso para la literatura?
No hay nada más íntimo y, al mismo tiempo, más universal que la familia. La familia es un laboratorio de vínculos. Está construida sobre el amor, pero también sobre el miedo, el resentimiento, los silencios y las mentiras.
Desde que te convertiste en padre, ¿cambió tu manera de leer y de escribir?
Sin duda cambió, aunque no tanto en términos estéticos como logísticos. Antes leía y escribía cuando quería. Hoy el tiempo es otro.
También aprendí a elegir mejor mis lecturas. La torre de libros pendientes sigue siendo enorme, pero ahora sé cuáles ya no voy a leer. Me he vuelto mucho más desapegado, no solo de los libros, sino de muchas cosas.
La paternidad tiene un efecto muy rápido: desmonta el ego que uno ha construido alrededor de su trabajo.
Te obliga a pensar constantemente en otro, en este caso en mis hijas. Te exige sacar de ti una generosidad que quizá no sabías que tenías.
Aunque escribiste “Dejarás la tierra” antes de tener hijas, ¿sentías que de alguna manera estabas construyendo un legado para ellas?
Sí, aunque en ese momento no fuera plenamente consciente.
Había en el gesto de recuperar esa historia familiar una intención de dejar un legado. Me gustaría que cuando mis hijas sean mayores, y ojalá tengan curiosidad, puedan saber un poco de dónde vienen y quiénes son.
Vivimos una época en la que muchas certezas se han derrumbado. Ya no sabemos muy bien qué significan conceptos como democracia o libertad de prensa. En realidad, solo tenemos dos certezas: que vamos a morir y que venimos de algún lugar.
Sobre la muerte poco podemos hacer, porque no sabemos cuándo llegará. Pero sobre nuestros orígenes sí podemos investigar.
Esa vuelta a la raíz me parece uno de los viajes más importantes de nuestro tiempo. Creo que hoy se escriben muchas más novelas familiares precisamente por eso: porque, en medio de tanta incertidumbre, la única certeza es que tenemos un origen.
Me hace ilusión pensar que tanto mis hijas como los lectores puedan hacerse la misma pregunta después de leer la novela: ¿de dónde vengo y cuánto de esa historia explica quién soy hoy?
“Dejarás la tierra” es una novela profundamente familiar. Aunque parte de la ficción, está atravesada por la historia de tus ancestros. ¿Qué sientes cuando terminas un libro como este y finalmente lo entregas?
Siempre siento que cuando uno termina un libro entrega una casa; una casa en la que ha sido profundamente feliz, pero donde también ha pasado largas noches de incertidumbre. Lo único que espero es que los lectores sean felices en esa casa y que, en alguna de sus habitaciones, no encuentren respuestas, sino preguntas que les resulten útiles, incluso incómodas.
Me gusta mucho una frase de Jonathan Franzen que dice: “La buena escritura es la que calma a los perturbados y perturba a los calmados.” Siempre pienso que los libros deberían generar inquietud.
SOBRE EL AUTOR
Renato Cisneros, escritor
También periodista. Ha trabajado como reportero, columnista, y ha conducido programas de radio y televisión en Perú. Escribió tres libros de poemas antes de abocarse a la narrativa. Su novela “La distancia que nos separa” fue finalista de la II Bienal de Novela Mario Vargas Llosa y del Premio Medicis en Francia.
28 de julio a las 6:30 p.m., se presenta el libro en la FIL Lima.
50 años tiene el autor nacido en enero de 1976, en Lima.
2018 mención Especial en el Premio Nacional de Literatura por “Dejarás la tierra”.
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