En un contexto marcado por la desconfianza hacia las instituciones y los problemas estructurales que enfrenta el país, César Requena propone recuperar una idea que muchos consideran inalcanzable: la utopía. En su libro "Himno a la utopía" (Academia Antártica), el autor peruano plantea que el verdadero desarrollo del Perú pasa por fortalecer la educación y apostar por la formación integral de las personas.
En entrevista con Correo, Requena sostiene que el capital humano es el recurso más valioso de una nación y advierte que una sociedad desinformada resulta más vulnerable a la manipulación. Además, insiste en que el bienestar colectivo debe convertirse nuevamente en una meta compartida.

El título de su libro, Himno a la utopía, reivindica una palabra que muchos consideran inalcanzable. En un país marcado por la desconfianza y la polarización, ¿por qué insistir en la utopía como una necesidad y no como una ilusión?
La palabra utopía es muy especial. La utilizo para recordarnos que existen objetivos que parecen inalcanzables, pero que sí pueden hacerse realidad. A lo largo de la historia han ocurrido muchos cambios que en su momento parecían imposibles y hoy forman parte de nuestra vida cotidiana. La utopía no es una fantasía; es una aspiración que orienta el desarrollo de una sociedad.
En el libro usted coloca a la educación en el centro de la transformación social. ¿Por qué?
Porque actualmente existe un abandono muy grande de la educación. Cuando una sociedad quiere desarrollarse, lo primero que debe fortalecer es su capital humano. De nada sirven los recursos naturales o la riqueza económica si las personas no están preparadas para gestionarlos adecuadamente.
Hay países que han alcanzado altos niveles de desarrollo sin contar con grandes riquezas naturales. Lo han logrado porque apostaron por la formación de su gente. El factor humano es siempre el recurso más importante.
¿Cuál considera que es el principal error que se está cometiendo en materia educativa?
No darle a la educación la prioridad que merece. Cuando se descuida la formación de las personas, se limita la capacidad de una sociedad para progresar. La educación debe ser una política de Estado permanente y no un tema secundario.
Algunas personas sostienen que mantener una población desinformada favorece a determinados grupos de poder. ¿Comparte esa visión?
En gran medida sí. Una población desinformada resulta más fácil de manipular. Cuando la información y la educación no llegan de manera adecuada a la ciudadanía, terminan beneficiándose unos pocos grupos, mientras que la mayoría permanece en condiciones de desventaja.
Su libro invita a imaginar un país distinto, pero también nos obliga a mirar nuestras carencias. ¿Qué realidad peruana le preocupa más pensando en las próximas generaciones?
Lo que más me preocupa es la falta de preparación integral de nuestra población. No basta con enseñar matemáticas, lenguaje o ciencias. También debemos formar ciudadanos con principios éticos, pensamiento crítico, capacidad de discernimiento y compromiso con el bien común.
Necesitamos personas capaces de tomar decisiones responsables, de trabajar en conjunto y de comprender que el desarrollo de un país depende tanto de la formación moral como de la formación técnica.
¿Qué ejemplos internacionales considera relevantes para el Perú?
Existen países cercanos que han logrado mejores resultados gracias a una mayor inversión en capital humano. También podemos observar casos como Suiza, un país pequeño y con recursos limitados en comparación con otras naciones, pero que ha sabido convertir el conocimiento, la organización y la innovación en motores de desarrollo.
El éxito de un país no depende únicamente de lo que posee, sino de cómo administra y aprovecha sus recursos.
Si un joven peruano leyera su libro y quisiera empezar a transformar su entorno desde hoy, ¿qué concepto debería tener siempre presente?
La organización. Cuando no existe organización, las cosas funcionan mal. Un país necesita instituciones capaces de dirigir adecuadamente sus recursos y orientar sus esfuerzos hacia objetivos claros. Lo mismo ocurre a nivel personal y comunitario.
¿Cuál es la utopía que el Perú ha dejado de perseguir y que debería recuperar con urgencia?
La gran utopía pendiente es el desarrollo humano. Necesitamos un desarrollo económico y social orientado al bienestar colectivo, basado en la práctica del bien común y libre de los obstáculos que generan la burocracia improductiva y la corrupción.
Esa debería ser nuestra prioridad: construir una sociedad más preparada, más ética y más comprometida con el bienestar de todos.
SOBRE EL AUTOR
Pedagogo y Humanista. Su perfil está fuertemente orientado a la educación civil. Concibe la enseñanza no solo como una acumulación de conocimientos académicos, sino como la principal herramienta para moldear la ética de una nación.
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