Durante el último año, Félix Flores Quispe (65) hizo del cementerio La Colina, en Majes, su único espacio para vivir. Entre nichos y caminos de tierra, instaló una carpa, acomodó un colchón desgastado y se quedó junto a la tumba de su esposa, sin volver a salir de ese lugar que terminó siendo su refugio.
El sábado, su cuerpo fue hallado sin vida en una zona del camposanto donde solía permanecer. No había nadie con él. Fueron trabajadores del cementerio quienes lo encontraron, en el mismo entorno en el que había pasado sus días recientes, marcado por el frío de las noches y el silencio constante.
Su caso comenzó a conocerse en febrero de 2025, cuando fue encontrado durmiendo sobre el nicho de su esposa fallecida cuatro años antes. Permanecía allí desde hacía semanas en condiciones precarias, lo que motivó su traslado a un establecimiento de salud para una primera evaluación.
CASO
Un mes después, en marzo, su situación se hizo más evidente. Fue hallado con signos de desnutrición y con heridas en el mismo cementerio, donde continuaba durmiendo. En ese momento, el propio Félix señaló que su yerno lo habría echado de su vivienda y que sus hijos, quienes trabajaban en cuadrillas del distrito, no se preocupaban por él.
Dijo que decidió quedarse en el cementerio para no separarse de su esposa, cuya muerte hace más de 4 años había marcado un quiebre en su vida. Desde entonces, no volvió a dejar ese espacio.
Con el paso de las semanas, su rutina se volvió parte del paisaje del lugar. Permanecía cerca del nicho, organizaba sus pocas pertenencias y pasaba los días sin asistencia constante. Trabajadores del camposanto indicaron que continuó viviendo allí durante todo este tiempo, enfrentando solo las condiciones del lugar.
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