El balneario liberteño vivió momentos duros luego de los fuertes oleajes que sufriera días atrás. Frente a la incapacidad de las autoridades, fue necesaria la reacción de la sociedad civil.
El balneario liberteño vivió momentos duros luego de los fuertes oleajes que sufriera días atrás. Frente a la incapacidad de las autoridades, fue necesaria la reacción de la sociedad civil.

Luego del histórico oleaje anómalo que golpeó nuestra costa —con crestas máximas de 3.3 metros el domingo 7, reducidas luego a picos de 2.7 metros el lunes 8—, la población pacasmayina evidenció el auténtico poder de la solidaridad civil.

Ante un Malecón Grau derribado por los embates de la naturaleza, el desamparo gubernamental y la nula prevención de los gobernantes, los propios residentes tomaron las riendas de las labores de limpieza. Su objetivo: rescatar la reputación de un destino que no es solo el orgullo de la región La Libertad, sino una de las playas más importantes del Perú y del planeta para el turismo náutico.

ESCENARIO

​El océano Pacífico exhibió toda su potencia en el litoral liberteño. Con rompientes imponentes, nuestra mítica “ola izquierda” —aclamada globalmente como una de las más extensas del mundo— concitó la atención de deportistas profesionales de élite internacional, quienes regalaron un espectáculo náutico de altísimo nivel.

Sin embargo, la bravura marina también desnudó una problemática ineludible: el colapso histórico y estructural de nuestro entorno urbano. Las postales del malecón tras el retiro de los residuos exponen una realidad irrefutable: los cimientos ya arrastraban un alarmante estado de deterioro desde hace años. El concreto erosionado por el tiempo y la salinidad dejó expuestas estructuras de fierro totalmente oxidadas y debilitadas. Esto demuestra que los gobernantes locales jamás ejercieron una gestión real ni presionaron para agilizar el nuevo proyecto de remodelación urbana. El mar no destruyó una obra sólida, simplemente terminó de tumbar una infraestructura que ya había sido abandonada a su suerte.

​La naturaleza no actúa con malicia; solo sigue su rumbo y nos confronta con su inmensidad. Somos nosotros quienes debemos estar listos para coexistir con ella. Al contemplar el malecón sepultado por los escombros ante la mirada de visitantes nacionales y extranjeros, la interrogante era obligatoria: ¿dónde está el plan de contingencia de los funcionarios? Ese no es solo mi sentir, sino también de los deportistas y toda la sociedad civil.

LAS DOS CARAS. Frente a este panorama, el sector civil que sustenta su economía día a día en esta franja costera tomó la iniciativa. Desde las 7:30 de la mañana del pasado martes, se puso en marcha una masiva jornada comunitaria en el malecón. Aunque la Municipalidad mandó una comitiva mínima —principalmente obreros de áreas verdes y unos pocos vehículos menores para el traslado de desmonte—, el verdadero motor de la actividad fue el tejido social organizado. La ssociación de comerciantes, los artesanos y los heladeros locales unieron voluntades, barriendo el fango, recolocando las rocas arrastradas por la marea y embolsando los residuos plásticos en un tiempo récord.

​Este admirable esfuerzo ha devuelto de forma provisional la transitabilidad a la primera línea de Pacasmayo. No obstante, la tranquilidad es provisional. Los pronósticos marítimos alertan sobre un nuevo incremento del oleaje en los días venideros. Esto nos obliga a lanzar una advertencia categórica: no se puede seguir gobernando desde la improvisación. Es crucial alertar, prevenir y resguardar a los trabajadores que ocupan este sector de alto riesgo antes de que el océano vuelva a arremeter.

DEMANDA

Pacasmayo no es un balneario cualquiera, es la joya turística de la región La Libertad y un patrimonio del surf y los deportes de viento a nivel global. Por su relevancia geopolítica, económica y turística, esta situación no puede quedar en manos de una administración local que ha demostrado incompetencia. Exigimos de manera urgente la intervención y supervisión de las máximas autoridades del Gobierno Central y del sector correspondiente. Es evidente que el engranaje de nuestras autoridades actuales no está funcionando.

La administración pública no puede seguir dándole la espalda al sacrificio de su pueblo. Es hora de que las autoridades despierten de su inercia, asuman su responsabilidad política, gestionen con firmeza el presupuesto para el nuevo malecón y se involucren sin dilación en los planes de prevención. Pacasmayo sigue de pie, pero hoy es única y exclusivamente gracias al coraje, el corazón y la resiliencia de sus ciudadanos.

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