Más de 1.2 millones de menores recibieron atención por problemas de salud mental en el Perú entre enero y setiembre de 2026, informó el Ministerio de Salud (Minsa).
Las atenciones comprenden casos de ansiedad, depresión, trastornos de conducta y situaciones de maltrato y abuso físico y psicológico, una problemática que evidencia la necesidad de fortalecer la prevención y la detección temprana.
El 26 % de los casos correspondió a niños y niñas menores de 11 años, mientras que el 16 % involucró a adolescentes, señaló Natalia Ascurra, psiquiatra de la Dirección de Salud Mental del Minsa.
En conjunto, ambos grupos representaron el 42 % de las atenciones reportadas.
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Entre los factores ambientales que pueden perjudicar la salud mental de los menores se encuentran el bullying, la violencia familiar y la exposición a situaciones de maltrato, señaló la especialista.
Estas experiencias pueden afectar su autoestima, sus relaciones interpersonales y su desenvolvimiento escolar.
Ascurra también advirtió sobre los efectos del uso excesivo de las redes sociales e internet, especialmente durante etapas en las que la autoestima se encuentra en desarrollo.
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Prevención
A estos riesgos se suman factores biológicos y genéticos, así como las condiciones del entorno familiar y los estilos de crianza.
En este marco, la especialista destacó que la prevención debe comenzar incluso durante la gestación.
“Desde que la madre está gestando al hijo, es importante el cuidado de la salud mental en la gestante”, señaló, al subrayar la importancia de identificar problemas como la depresión durante el embarazo.
La atención temprana es clave para evitar que las dificultades emocionales se agraven, destacó la especialista.
Como se sabe, el Minsa impulsa la estrategia “Salud Mental en tu Cole”, que busca identificar a estudiantes que necesitan orientación o tratamiento especializado mediante la articulación entre instituciones educativas y establecimientos sanitarios.
Según información del sector, en 2025, tres de cada diez menores estaban en riesgo de presentar problemas de comportamiento, emocionales o atencionales, una estimación equivalente a más de 3,1 millones de niños y adolescentes.





