Los escolares requieren entre 9 y 12 horas de sueño, mientras que los adolescentes necesitan entre 8 y 10 horas, señala una especialista. Irritabilidad, somnolencia y problemas de concentración pueden alertar sobre un descanso insuficiente.
Los escolares requieren entre 9 y 12 horas de sueño, mientras que los adolescentes necesitan entre 8 y 10 horas, señala una especialista. Irritabilidad, somnolencia y problemas de concentración pueden alertar sobre un descanso insuficiente.

Dormir las horas necesarias es un componente importante para el aprendizaje y bienestar de niños y adolescentes. Las tareas escolares, las actividades extracurriculares y el uso de celulares y otros dispositivos durante la noche pueden reducir el tiempo destinado al descanso.

Verónica Palacios, psicóloga del nivel Medianos del Colegio de la Inmaculada Jesuitas, explica que los escolares requieren, según su edad, entre 9 y 12 horas de sueño por noche, mientras que los adolescentes necesitan entre 8 y 10 horas.

Durante el sueño, señala la especialista, el cerebro procesa y organiza información adquirida durante el día, mientras que un descanso adecuado contribuye a la memoria, la atención y la regulación emocional.

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¿Cómo influye el sueño en el rendimiento escolar?

La falta de descanso puede manifestarse mediante problemas para mantener la atención durante las clases, somnolencia diurna, cambios de humor, irritabilidad y menor disposición para participar en las actividades escolares.

“Un descanso adecuado permite que niños y adolescentes lleguen al colegio con mayor capacidad para concentrarse, resolver problemas, controlar sus emociones y participar activamente en los procesos de aprendizaje”, sostiene Palacios.

La especialista señala que el bienestar físico y emocional constituye una condición relevante para que los estudiantes puedan desarrollar adecuadamente sus actividades académicas.

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¿Cuántas horas deben dormir niños y adolescentes?

Las necesidades de sueño varían de acuerdo con la edad. Según las cifras señaladas por Palacios, los niños en edad escolar pueden necesitar entre 9 y 12 horas cada noche, mientras que los adolescentes requieren entre 8 y 10 horas.

Sin embargo, no solo importa la cantidad. Mantener horarios relativamente constantes y contar con un ambiente adecuado para dormir también puede favorecer un descanso de mejor calidad.

Por ello, las familias pueden establecer rutinas que permitan compatibilizar las responsabilidades escolares y actividades recreativas con el tiempo necesario para dormir.

Seis recomendaciones para mejorar los hábitos de sueño

  1. Mantener horarios regulares. Procurar que niños y adolescentes se acuesten y despierten aproximadamente a la misma hora todos los días ayuda a mantener una rutina de descanso, incluidos los fines de semana.
  2. Evitar las pantallas antes de acostarse. La especialista recomienda suspender el uso de celulares, tabletas, computadoras y televisores al menos una hora antes de dormir.
  3. Establecer una rutina nocturna. Actividades tranquilas como leer, conversar en familia, escuchar música o realizar ejercicios de respiración pueden ayudar a preparar el momento de descanso.
  4. Acondicionar el dormitorio. Una habitación oscura, silenciosa, ordenada y con una temperatura confortable puede favorecer el sueño y reducir interrupciones durante la noche.
  5. Evitar una agenda sobrecargada. Las actividades extracurriculares deben organizarse procurando que los menores también dispongan de tiempo para relajarse y prepararse para dormir sin prisas.
  6. Prestar atención a cambios de comportamiento. Irritabilidad, somnolencia durante el día, problemas de concentración, cambios de humor o una disminución del rendimiento escolar pueden ser señales de un descanso insuficiente.

¿Cuándo consultar con un médico?

Palacios recomienda prestar especial atención cuando las dificultades para dormir continúan pese a haber realizado cambios en las rutinas familiares.

Si un niño se despierta frecuentemente durante la noche, ronca de manera habitual o amanece cansado, la recomendación es consultar con un pediatra para una evaluación inicial.

El profesional podrá determinar si son necesarias otras evaluaciones o la derivación hacia un especialista, dependiendo de las características de cada caso.

“El descanso debe entenderse como un aliado del aprendizaje y no como tiempo perdido”, señala Palacios, quien destaca la importancia de integrar los hábitos de sueño dentro del cuidado cotidiano de niños y adolescentes.

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