"Los personajes [de este libro] están viciosos de literatura, están endemoniados con el vicio literario o con los espíritus malos de la literatura”. Foto: Difusión
"Los personajes [de este libro] están viciosos de literatura, están endemoniados con el vicio literario o con los espíritus malos de la literatura”. Foto: Difusión

Dicen que la forma de terminar un año marca la pauta para vivir el siguiente. Y si de literatura se trata, concluir el 2025 leyendo “E-mails con Roberto Bolaño” puede ser una buena forma de abrir el Año Nuevo a nuevas lecturas.

En este libro de cuentos, publicado bajo el sello Seix Barral del Grupo Planeta, el autor peruano J. J. Maldonado cruza humor e irreverencia para construir relatos que invitan a dialogar con autores como Alejandro Zambra, Mariana Enríquez, Han Kang, Enrique Vila-Matas, Pierre Michon, Rodrigo Fresán, Mario Vargas Llosa, entre otros. Porque muchas veces la realidad busca escabullirse en la ficción, pero en estos relatos es la ficción la que termina revelando una verdad incómoda sobre los escritores y sus obsesiones.

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“Es parte de un homenaje. El escoger, el hecho de ensayar sobre estos escritores y luego ir un paso más allá con la ficción. Todo el libro es un homenaje al acto de leer”, comenta J.J. Maldonado a Correo.

¿Cómo nació “E-mails con Roberto Bolaño”?

Yo ahora estoy escribiendo una novela muy larga y, mientras la escribía, necesitaba oxigenarme un poco. Empecé a hacer ensayos sobre Roberto Bolaño, Enrique Vila-Matas, Han Kang y Pierre Michon; tenía muchos ensayos. Y dije: ¿por qué a estos ensayos no les meto un poco de ficción para alegrarme un poco la vida? Para que no sea un ensayo tan serio, tan encorsetado, sino darle una cuestión mucho más épica o más vital. Y el libro lo escribí muy rápido.

Hablas de autores ya fallecidos, pero también de vivos, canónicos. ¿No te dio miedo su reacción?

Sabía desde el principio que estaba dando como un salto suicida. Me estaba yendo a escritores vivos y tomándoles el pelo a todos, pero desde cierto respeto también. Los conozco: no solamente los leo, sino que me meto en sus biografías, veo sus videos, sus entrevistas. No era miedo, era seguridad de lo que hacía, pero sabiendo que estaba dando un salto al vacío.

¿Conoces los comentarios de alguno de ellos sobre tu libro?

A muchos de los escritores que han leído los cuentos, como Enrique Vila-Matas o Rodrigo Fresán, les ha gustado. Rodrigo Fresán me dijo: “Lo he leído riendo y temblando al mismo tiempo”. Siento que los relatos son tomaduras de pelo porque los escritores también nos están tomando el pelo a los lectores todo el rato, y quería devolverles eso.

​Entonces, ¿es homenaje o irreverencia?

Sí, claro, también es parte de un homenaje. Todo el libro es un homenaje al acto de leer.

En el libro también hay humor. ¿Es una forma de romper la solemnidad?

Sí, exactamente. La tradición peruana tiene un peso realista fuerte, pero siempre ha habido una corriente contra la corriente con humor. Pienso en Bryce, en Garcilaso o en Ricardo Palma. A mí me sirvió para evitar la solemnidad y buscar una nueva forma de narrar. Quería que los personajes sufran tragedias brutales para ellos, pero que para el lector sean graciosas: que te rías y empatices. El humor lo utilizo como un dispositivo narrativo.

A veces pasa que lees tanto a un autor que adoptas el estilo, el tono… ¿Cómo se evita cruzar esa línea?

Sí, yo creo que sí. Puedes llegar a generar puntos en común. Pero con experiencia te das cuenta de lo que no es tu voz, de lo que no es tu tono, de un color que no te representa.

Eso lo ganas con oficio, con lectura, con críticas, con lectores que te dicen: “Esto es muy Salinger”, “muy Bret Easton Ellis”, “muy McCarthy” … y vas ajustando hasta encontrar tu tono.

Cuando encuentras esa voz —llena de otras pequeñas voces— ya creas tu sello.

¿Qué pasa con la necesidad de validación: escritores latinoamericanos buscando reconocimiento de autores de renombre o instituciones?

Buena pregunta. Te respondo con algo que decía Julio Ramón Ribeyro en una entrada de su diario.

Él dice: cuando estás escribiendo estás en contacto con la pureza literaria, con el arte. Pero cuando le pones punto final y lo mandas a publicar, ese texto se convierte en mercancía.

Y tú, que has sido un obrero de esa obra, necesitas reconocimiento: no necesariamente monetario, también una palmada en la espalda. Que te digan: “Lo has hecho bien”, “Tu libro me ha gustado”. O un premio.

¿Y tú, qué piensas al respecto?

Yo creo que todo escritor, una vez que termina su obra y la publica, necesita reconocimiento. No sé si todos escriben solo para eso, son dos estadios distintos. Uno, cuando escribes. Otro, cuando el libro ya circula y entran a instituciones, premios, lectores.

Al final, no importa lo que el escritor desee mientras escribe. Puede tener intenciones buenas o malas. Puede ser perverso y escribir una obra maestra. Puede tener intenciones angelicales y escribir un libro pésimo.

No importan las intenciones, importa la obra. Si me dan una gran obra, me quedo con la obra. No justifico las desgracias del escritor, pero como lector me quedo con el libro.

Eres también periodista ¿Cuánto influyó el oficio en tus relatos?

En este libro van remezcladas todas las formas del periodismo, como también del ensayo, de la historia, la ficción, la fábula, el humor. Es como una especie de artefacto híbrido de muchas formas que se va retroalimentando. A partir de esos materiales del periodismo creo que he construido muchos de los relatos, no todos. Y creo que, robándole esas técnicas al periodismo, es lo que podría haberme influenciado más, aunque yo soy un poco crítico con el periodismo, le huyo al estilo, porque creo que el estilo periodístico, sobre todo el de prensa, le quita mucho lenguaje al escritor.

Entonces, a partir de esa tensión con el periodismo yo he preferido robarle como una pequeña venganza, ¿no? Robarle sus formas para hacer lo que me gusta, que es la literatura.

En el libro hay una obsesión por leer, por la literatura. ¿Te consideras un “chancón” de la literatura?

No chancón, pero soy un vicioso. Un vicioso de la literatura. Este libro tiene eso: sus personajes están viciosos de literatura, están endemoniados con el vicio literario o con los espíritus malos de la literatura, y todos están con obsesiones. La obsesión de la literatura o del escritor; más que del ser leído, creo, del ser comprendido.

¿Por qué el título E-mails con Roberto Bolaño?

La culpa la tiene Víctor Ruiz Velazco, que es mi editor. Yo le propuse títulos más conceptuales… ‘Name dropping‘, ‘Preferiría no hacerlo‘, ‘Clases de literatura‘, y Víctor los rechazó.

Me dijo: “Emails con Roberto Bolaño funciona porque tu libro es una carta constante con las tradiciones literarias, estás tú en constante comunicación y en esa correspondencia aparece Bolaño, una figura trascendental para la tradición latinoamericana del siglo XXI”. Y me convenció.

SOBRE EL AUTOR

J.J. Maldonado, escritor

Máster en Escritura Creativa por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Es autor de la novela “El amor es un perro que ruge desde los abismos” (Planeta, 2021) y del ensayo “Narrativa mesiánica”. También ha publicado “Quien golpea primero golpea dos veces”.

36 años tiene el autor nacido en Lima, Perú.

2015 ganó el Premio Narrador Joven del Perú.

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