“La poesía puede ser un [...] encuentro verdadero con el otro”. Foto: Fernando Sangama / @photo.gec
“La poesía puede ser un [...] encuentro verdadero con el otro”. Foto: Fernando Sangama / @photo.gec

Para Liliana Flores Hilario, la poesía también ha sido una forma de comprenderse. Desde su adolescencia encontró en los versos un refugio para expresar aquello que no siempre podía decir en voz alta. En “Trébol” (Voces Múltiples), la vulnerabilidad y la memoria ocupan un lugar central en sus poemas; mientras que en “Criaturas” (Búho eléctrico editores), la autora lleva esas emociones hacia el mundo animal para hablar de los deseos, las luchas, las decepciones y la condición humana. “Mis criaturas eran extensiones de mí misma”, explica Flores a Correo.

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Para la poeta, los versos no solo permiten expresar lo que sentimos, sino también recuperar la memoria, reflexionar sobre la propia identidad y encontrar una conexión con los demás. Una mirada que también extiende a las redes sociales, a las que considera una herramienta que puede acercar la poesía a nuevos lectores.

“La poesía puede ser un lugar para la memoria, una forma de comprender las emociones, un espacio de resistencia, una reconciliación con la naturaleza, una búsqueda de identidad y, sobre todo, un encuentro verdadero con el otro”, expresa Flores.

Liliana Flores Hilario, poeta y docente peruana.
 (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)
Liliana Flores Hilario, poeta y docente peruana. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)

¿Cómo nace en ti la necesidad de escribir poesía?

Con frecuencia, mi poesía explora la cultura humana a través de cuatro ejes: la memoria, el cuerpo, la naturaleza y las emociones.

La memoria es la memoria viva, la historia que debe ser contada desde los ojos de los vencidos. Evoco los recuerdos de mi infancia, la crisis, la nostalgia. El pasado es el punto de partida para descubrir y comprender que sin memoria no hay futuro.

El cuerpo es un lugar donde se experimenta la evidencia. En un poema se muestra vulnerable, pesa, resiste, muere, se transforma y, aun en el dolor, nos alumbra la ternura y la posibilidad de sobrevivir.

La naturaleza es un símbolo muy constante en mi escritura. Admiro los árboles, las gaviotas, el mar, porque encuentro en ellos una fuente de sabiduría y calma. Utilizo sus elementos para hablar de identidad, perseverancia, crecimiento y libertad.

Y las emociones juegan un papel clave. Si no las siento, no las escribo. A veces recurro a símbolos y metáforas y, en otras ocasiones, hablo de manera más directa. Escribir me ayuda a desatar estos nudos.

Estos cuatro elementos están conectados porque representan una forma de habitar el mundo y de buscar la salida del laberinto de Creta, que es la vida.

Tus libros conversan entre sí, pero también representan distintas etapas de tu vida. ¿Qué encuentras al mirar ese recorrido?

Trébol representa la flora, aquella hierba que crece de sí misma, pero que aprendió a florecer en la penumbra. Abrazar la vulnerabilidad me permitió descubrir que la suerte estaba allí.

Después habité la fauna en Criaturas. Tenía que cambiar de piel para confesar mis anhelos, mis celos, sentimientos, nostalgia, creencias e incluso mi propia reflexión sobre el arte poético. Mis criaturas eran extensiones de mí misma. Protestan, confiesan, mueren y confrontan la soledad y la lucha por la supervivencia.

Trébol y Criaturas representan dos momentos de mi vida. En el primero buscaba el verso más clásico, un viaje de autodescubrimiento. En la segunda obra hay un reconocimiento de mis anhelos, querellas, deseos y dudas. Quería protestar contra el destino salvaje que compartimos animales y humanos.

Publicarlo fue verme a través de una lupa, pero con una voz baja que aceptaba la muerte y el olvido, sin dejar de lado la ironía, el delirio y la ternura. En ese proceso me transformé en otra criatura más.

Hay quienes sienten que la poesía es difícil de entender. ¿Qué les dirías para acercarlos a ella?

A veces la poesía parece difícil, pero comprendí que más que entenderla, hay que sentirla.

Creo que debemos leer poesía para ser más humanos y aprender a amar a nuestro prójimo. Nos permite desarrollar la sensibilidad y la empatía.

En un mundo atravesado por la crisis política y social, la poesía se convierte en una urgencia, no como salvación, sino como un acto de resistencia y compañerismo.

Podría decir que lean buena poesía para sentirse vivos e imaginar otros mundos posibles. Así uno aprende más. Al menos eso me ha pasado.

¿Qué temas de tus poemarios consideras que pueden resonar especialmente con los lectores de hoy?

Mi poesía tiene un corte optimista, casi confesional. Están los recuerdos de infancia y una búsqueda constante de identidad. También afronto una crisis personal y exploro mis emociones.

En Criaturas esos temas se retoman, pero se profundizan y adquieren una mayor intensidad. La memoria se vuelve más simbólica, el cuerpo se transforma y la naturaleza se convierte en un lenguaje poético. Las emociones se encarnan en los animales para reflexionar sobre la condición humana.

Considero que hoy muchas personas nos vemos en una crisis, ya sea personal o por lo que observamos en la sociedad. Por eso estos temas pueden resonar y es ahí cuando se logra una conexión entre autor y lector.

¿Qué representan para ti las criaturas que aparecen en tu poemario?

Criaturas admite diversas interpretaciones y eso me parece satisfactorio y valioso.

Para mí, las criaturas son símbolos o reflejos de luchas, deseos, anhelos, decepciones y querellas. Son extensiones de los estados de ánimo, donde lo animal se entrelaza con la experiencia humana.

Al final compartimos el mismo destino salvaje.

¿Qué lugar ocupa hoy la poesía en medio de la inmediatez?

Considero que las redes sociales pueden parecer un espacio muy frío, pero también son herramientas que, bien utilizadas, pueden beneficiar a la literatura.

Creo que la poesía atraviesa un buen momento porque hoy es más fácil compartirla, descubrir nuevos poetas, difundir recitales, talleres y eventos literarios. También permite volver a leer a autores que el tiempo parecía haber olvidado.

Existen muchos lectores, poetas y mediadores que desde las redes sociales siguen fomentando el interés por la poesía. En buena hora que siga de esta forma.

Liliana Flores Hilario, poeta y docente peruana.
(Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)
Liliana Flores Hilario, poeta y docente peruana. (Foto: Fernando Sangama / @photo.gec)

¿Crees que leer y escribir poesía puede ayudarnos a comprender mejor nuestras emociones?

Sí, definitivamente. Trébol es testimonio de ello. Yo he podido explorar y comprender mis emociones.

La poesía fue un refugio durante mi adolescencia. Como era muy tímida y no lograba expresar mis ideas o emociones, los textos poéticos resonaban en mí con más intensidad. Cuando leía un verso, pensaba que alguien más también había sentido esas emociones, que era muy parecido a mí y a lo que yo percibía en ese entonces.

La poesía es una conversación profunda y reflexiva. Tiene muchos matices. Vernos reflejados en un poema nos permite comprender lo que estamos sintiendo y encontrar una forma de expresarlo.

Además, la escritura y la lectura también pueden ayudarnos a regular nuestras emociones.

¿Qué puede ofrecerle la poesía a una sociedad acostumbrada a la inmediatez?

Creo que la poesía puede ser algo muy importante para nuestra vida. Puede ser un lugar para la memoria, una forma de comprender las emociones, un espacio de resistencia, una reconciliación con la naturaleza y una búsqueda de identidad.

Y, sobre todo, puede ser un encuentro verdadero con el otro. Nos da la posibilidad de recordar, amar, sentir y transformarnos.

En medio de la inmediatez, la poesía todavía nos invita a detenernos, a escuchar y a reflexionar respecto a lo que llevamos dentro.

Has contado que recibiste un diagnóstico tardío de TEA. ¿De qué manera esa experiencia influye en tu forma de observar el mundo y escribir poesía?

Recibí un diagnóstico tardío de TEA hace algunos años y fue liberador. Muchas preguntas que me había formulado durante años empezaron a tener respuestas.

Sí influye de manera significativa en mi forma de escribir y de mirar el mundo. Soy más consciente de los pequeños detalles: el vuelo de una mariposa, la sensación del viento, las texturas o los sonidos.

Mis sentidos parecen más lúcidos, pero también se agotan con facilidad. Los lugares muy concurridos, por ejemplo, pueden generarme agotamiento y a veces tengo dificultades para relacionarme con los demás. Ese sentimiento de no encajar del todo mueve mi escritura.

En el papel puedo ser libre. Mi poesía fluye en el desasosiego.

Cuando no puedo conjugar el verbo amar en presente, sigo viviendo en pasado y entonces la tinta comienza a subir porque es la que escribe y registra la temperatura de mis emociones.

Pienso poéticamente mientras contemplo la naturaleza y la soledad. Mi mente corre veloz, pero yo sigo sentada otro domingo más frente a la máquina de escribir.

SOBRE LA AUTORA

Liliana Flores Hilario (Lima, 1992) es maestra y poeta. Licenciada en Educación (especialidad en Ciencias Sociales) y Psicología por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta), egresó de la Maestría en Docencia Universitaria. Se desempeña como docente en instituciones públicas y ha liderado clubes de lectura.

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