La continuidad del agua potable y saneamiento durante una emergencia también depende de una infraestructura capaz de responder a movimientos del terreno, cambios de caudal y otras condiciones extraordinarias.
La continuidad del agua potable y saneamiento durante una emergencia también depende de una infraestructura capaz de responder a movimientos del terreno, cambios de caudal y otras condiciones extraordinarias.

Las tuberías permanecen ocultas bajo calles y viviendas, pero constituyen parte de la infraestructura crítica para mantener los servicios de agua potable y saneamiento. Cuando ocurre un sismo, lluvias intensas u otro evento extremo, estas redes pueden quedar sometidas a condiciones diferentes a las de su operación cotidiana.

La capacidad de responder ante estas situaciones comienza antes de la emergencia. Factores como el diseño de la red, las características del terreno, las uniones, los materiales empleados y el mantenimiento pueden influir en su vulnerabilidad y posterior recuperación.

El desafío adquiere particular importancia en Perú debido a su exposición a actividad sísmica y fenómenos climáticos que pueden afectar la infraestructura urbana.

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¿Qué ocurre con las redes de agua durante un sismo?

En zonas sísmicas, el movimiento y las deformaciones del terreno pueden representar una exigencia adicional para las tuberías y sus conexiones.

“Una red resiliente debe considerar desde su diseño las condiciones a las que estará expuesta durante toda su vida útil”, explica Juan Durand, especialista de Pavco Wavin.

Según Durand, aspectos como la flexibilidad del sistema, el comportamiento de las uniones y las características del terreno pueden contribuir a disminuir el riesgo de fallas en lugares expuestos a movimientos sísmicos.

En mayo de 2026, el Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento realizó una simulación destinada a poner a prueba el protocolo de respuesta y restablecimiento progresivo de los servicios de agua potable y saneamiento ante un escenario de sismo de gran magnitud seguido de tsunami en Lima Metropolitana y Callao.

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Presión, suelo y materiales influyen en una red de agua

En las redes destinadas al abastecimiento de agua potable, el diseño debe considerar variables como la presión, el tipo de suelo, las condiciones de instalación y el comportamiento de los materiales, señala el especialista.

Las exigencias cambian en los sistemas de alcantarillado y drenaje. En estos casos también resulta necesario evaluar las cargas externas, eventuales movimientos del terreno y las variaciones en los caudales que deberá soportar la infraestructura.

Por ello, la selección de una solución no debería considerar únicamente su funcionamiento en condiciones habituales, sino también las características y riesgos del territorio donde permanecerá instalada.

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Lluvias intensas también ponen a prueba la infraestructura

Los fenómenos climáticos representan otro desafío para las redes. Las precipitaciones intensas pueden modificar los caudales y someter determinados sistemas de drenaje y saneamiento a mayores exigencias.

En este escenario, la prevención no depende exclusivamente de responder cuando la emergencia ya comenzó. También comprende identificar previamente puntos vulnerables y disponer de protocolos para recuperar los servicios afectados.

“La continuidad de un servicio se construye mucho antes de una emergencia”, sostiene Durand. El especialista añade que, junto con los protocolos, la infraestructura debe responder a las condiciones particulares de cada territorio y contar con un mantenimiento adecuado.

Diseño y mantenimiento para reducir vulnerabilidades

La resiliencia de una red de agua y saneamiento no depende de una única tecnología. Requiere combinar planificación, diseño, selección de materiales, instalación adecuada, mantenimiento y protocolos de emergencia.

Estas decisiones adquieren relevancia porque una falla en la infraestructura hidráulica durante un desastre puede dificultar la continuidad de servicios esenciales precisamente cuando la población más los necesita.

El reto para las ciudades es, por tanto, desarrollar sistemas capaces de funcionar de manera confiable durante su operación cotidiana y que, frente a condiciones extraordinarias, permitan reducir daños y facilitar el restablecimiento progresivo del servicio.

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