En el contexto político y social de las elecciones generales de nuestra patria, queremos fijar ahora nuestra atención en el importante escritor trujillano José Félix De la Puente, quien vivió en la primera mitad del siglo pasado y que cultivó la novela realista, específicamente de tipo político, que trata de las aspiraciones de un postulante al Congreso sin tener el nivel educativo básico y elemental, casi ignorante, desconocedor del libro, la lectura, la moral y la democracia, pero que ve en la condición de congresista la oportunidad para abandonar la pobreza y adquirir resonancia política, económica y social; es decir, un político culturalmente pobre, pero ambicioso, sin escrúpulos ni condiciones, como buen número de candidatos actuales, que tampoco frecuentan el libro y que cada día incrementan su precario nivel cultural.
Eso sí, todos o casi todos, esperan llegar al palacio legislativo como flamantes congresistas: senadores y diputados. Lo mismo hay que decir de los aspirantes a futuros inquilinos a Palacio de Gobierno. Y no es que no tengamos gente preparada o ilustrada; pero solo en países como el nuestro nos dimos el lujo de preferir a un “cholo” arribista y dejamos a un lado a nuestro Premio Nobel Mario Vargas Llosa; para remate, también en las elecciones generales últimas se prefirió a un maestro que tampoco parece haber sido eficiente en las aulas, aunque —eso sí— muy activo en trifulcas y una serie de enredos aún por esclarecer.
En este panorama agrio, deprimente y desolador, poblado de candidatos oportunistas y arribistas, la literatura nos presenta esta oportuna y reflexiva muestra
ESBOZO BIOGRÁFICO
José Félix De la Puente nació en Trujillo el 7 de setiembre de 1882. Sus padres fueron José María De la Puente y Ana María Ganoza. Empezó a escribir sus textos literarios en la revista “Contemporáneos” en 1909 y cultivó cercana amistad con Manuel González Prada.
En su producción literaria destacan las novelas: “Por la estirpe” (1924), “La herencia del Quijote” (1934) y “La niña de las zarzas”; pero otras obras narrativas son “La visión redentora”, “En este valle de lágrimas”, el libro de cuentos “Las islas azules”. Su novela principal es, sin embargo, “Evaristo Buendía, candidato” (1959).
En realidad, De la Puente es un narrador sentimental, afanado en construir y desarrollar una carrera literaria. El tema de su novela política “Evaristo Buendía es mostrar la trayectoria y aspiraciones de un político inculto, de bajo nivel educativo, carente de recursos económicos que aspira ocupar un puesto en el Congreso de la República, aunque es consciente de que no reúne las condiciones política, educativas ni culturales. La época se ubica en la década de los años 20 en las provincias y en Lima. El ambiente es marcadamente económico, político, satírico y costumbrista, así como la imagen psicológica del político arribista, cuyo objetivo es progresar, aunque no se tenga cualidades educativas, culturales, ni éticas.
La mencionada obra mereció el Premio Nacional de Fomento a la Cultura en 1945.
LA OPINIÓN DE LA CRÍTICA
Uno de los más importantes críticos de la época, el chileno Eduardo Barrios, opinó así: “La intención crítica de la novela parece cruel. Hay allí una verdad tan exacta y a la vez tan dura que por cariño al Perú, dan ganas de hablarla sólo en secreto. Evaristo es un limeño auténtico, pero también una vergüenza”.
En efecto. La descripción del protagonista es notable y extraordinaria. En ella se desborda el talento de De la Puente, cumpliéndose el pronóstico que entonces formulara Luis Varela y Orbegoso en 1823: “De la Puente profundiza cada día más en esta forma de su espíritu (la vida misma de nuestro país y nuestra raza) y se acerca a tendencias de perfección que harán su obra sólida y duradera”.
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UN PRÓLOGO REVELADOR
En realidad, el narrador José Félix De La Puente inicia el desarrollo de su novela con un prólogo no escrito por otro autor, sino por él mismo; pero no para elogiar su novela ni al protagonista, sino para enrostrar su precario nivel ético, su carencia de escrúpulos, su falta de nivel educativo, su alejamiento del libro y la lectura.
Dicho prólogo retrata a muchos, muchísimos candidatos actuales, productos y usuarios indiscriminados de la comunicación electrónica. Por eso no resistimos la tentación de reproducirlo:
“Señor Don Evaristo Buendía:
Ya sé que la aparición de este libro va a causarte un verdadero desagrado. Tal convencimiento ha sido la razón que ha venido haciéndome postergarla de día en día. Pero ya no he podido más. He resistido cerca de 25 años esa incitación, que ejercía tu historia, en grueso legajo, desde mi anaquel, y creo que ese lapso es prueba suficiente de discreción. ¡Ya estamos viejos, tú y yo, por lo demás!... Ahí va la obra. Te ruego que no te preocupes demasiado; nadie podrá adivinar que se trata de ti. Si alguien tuviera el acierto de señalarte con el dedo, como el protagonista, otros indicarías a otros, porque son muchos los que se te parecen.
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Una mañana te presentaste en mi escritorio [y] no puedo olvidar los detalles y la impresión que me hizo la entrevista. ‘Vengo a pedir tu ayudaj’ —me dijiste con una de tus sonrisas seductoras—. ‘He conseguido el apoyo del Gobierno y me lanzo de candidato a la Diputación por Huariote’. Sin duda yo puse semblante de hombre aterrorizado, porque tú agregaste apresuradamente: ‘Es indudable que yo no soy de los hombres mejor preparados en el Perú para dirigir sus destinos desde el Parlamento, pero confieso que en él ha habido siempre elementos muy inferiores a mí’… ‘Es cierto’ —declaré, algo persuadido y menos asustado por el proyecto…—. ‘Bueno, como yo no soy hombre de letras, quiero que tú me hagas unos cuantos discursos, unas proclamas, lo que sea necesario: éste es el auxilio que te suplico’.
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