En Rebuzno propio, Leoncio Bueno articula memoria social, crítica política y estética popular, hay una estética que resignifica al trabajador, problematiza la violencia y reinterpreta lo popular como expresión de resistencia colectiva.
En Rebuzno propio, Leoncio Bueno articula memoria social, crítica política y estética popular, hay una estética que resignifica al trabajador, problematiza la violencia y reinterpreta lo popular como expresión de resistencia colectiva.

La publicación de REBUZNO PROPIO (Nectandra, 2022) reafirma la vigencia de la propuesta poética de Leoncio Bueno dentro del panorama de la poesía peruana contemporánea. Su obra no puede desligarse de los procesos sociales, históricos y políticos que marcaron su vida. Por ejemplo, su infancia —estrechamente vinculada al mundo de las haciendas— constituye un sustrato fundamental para comprender la configuración de su imaginario poético: “Y tú, madre, prendida en la batea, / hoy te duermes de vejez, de cansancio”. Desde allí, su escritura articula una memoria social que no solo evoca la experiencia individual, sino que encarna la voz de una colectividad históricamente marginada.

La poesía de Leoncio Bueno es, sin duda, política; sin embargo, no se trata de una poesía reductible a un discurso ideológico explícito o panfletario. Más bien, en su quehacer poético subyace una ideología que estructura su visión del mundo. La política funciona como una herramienta dentro de su estética, un medio a través del cual se elaboran las tensiones sociales, las desigualdades y las luchas de los sectores populares. “Amé la libertad, y / como un gañan corrí tras sus ancas, / la tumbé, la puse al filo”. Esta dimensión política no anula la complejidad literaria de su obra, sino que la potencia, otorgándole densidad y profundidad.

El Rebuzno propio de Leoncio Bueno

El título REBUZNO PROPIO resulta particularmente revelador. El poeta propone la recuperación de una voz que ha sido históricamente inferiorizada: la del trabajador, asociado metafóricamente con el “burro”. No obstante, esta imagen se resignifica de manera contundente. El trabajador no es presentado como un ser necio, sino como una figura marcada por la constancia, la resistencia y la dignidad; “¿Hasta cuándo no voy a articular mi rebuzno propio?” Así, el “rebuzno” deja de ser un sonido despreciado para convertirse en una forma legítima de enunciación, en una afirmación de identidad frente a un orden social que busca silenciarlo.

Uno de los aspectos más relevantes del libro es su dimensión lingüística. La sintaxis empleada por Leoncio Bueno no es arbitraria, sino que forma parte de su proyecto estético. El uso de giros propios del habla popular y de registros asociados al discurso revolucionario del hombre del campo evidencia una voluntad de ruptura con la norma culta. Esta elección no solo contribuye a la autenticidad de la voz poética, sino que establece una coherencia profunda entre la propuesta estética, la temática y la escritura: “Por aquí me entra, por aquí me sale, / en mi mate rabioso no penetra la luz, / solo el fragor me queda, / esa inmersión sin término, este aletear / de un menso que se ahoga”. En REBUZNO PROPIO los elementos lingüísticos no son meros recursos formales, sino herramientas que articulan y potencian las problemáticas sociales que atraviesan el texto.

La violencia y la estética de la resistencia

En relación con la violencia, la obra presenta un tratamiento significativo y complejo. La violencia no aparece como una exaltación del caos, sino como un fenómeno inscrito en dinámicas sociales específicas, donde se convierte en un medio para la búsqueda de justicia dentro de procesos revolucionarios: “La violencia es una forma de felicidad / un albañil no construye palacios para él / pero se las arregla para volarlos”.

En este sentido, muchos de los poemas no constituyen una apología de la violencia, sino más bien alegorías de la importancia del trabajador y de su papel en la transformación social. Se configura así una estética de la resistencia, donde la lucha adquiere un sentido ético y político: “Los privilegios constituyen el relajo de los poderosos”.

Ahora bien, la representación de la figura femenina plantea tensiones importantes. Más allá de figuras como la madre, que pueden adquirir una dimensión simbólica distinta, en varios pasajes se advierte una tendencia a la cosificación y a la erotización del cuerpo femenino; “mi patria es morena y hermosa como la cintura de mi muchacha (…) ella duerme ahora en el lecho de los generales / pero nosotros, los poetas, / le haremos el muchacho”. La mujer aparece, en estos casos, subordinada al deseo masculino, mientras que la potencia sexual del hombre se asocia con su condición de sujeto revolucionario. Este aspecto abre un campo crítico necesario para problematizar los límites de la propuesta del autor.

Finalmente, resulta destacable la resignificación del wayno dentro del universo poético de la obra. Lejos de su caracterización tradicional como un canto melancólico o trágico, el wayno es reconfigurado como un dispositivo de lucha, reivindicación y esperanza. En este gesto, Leoncio Bueno no solo recupera una forma cultural andina, sino que la reinterpreta como un vehículo de resistencia y afirmación colectiva.

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