En la I.E. Salaverry, la lectura empieza a servirse como un buffet. Gracias a ello, docentes y estudiantes descubren que esta también puede tener un sabor propio y vivirse con libertad.
En la I.E. Salaverry, la lectura empieza a servirse como un buffet. Gracias a ello, docentes y estudiantes descubren que esta también puede tener un sabor propio y vivirse con libertad.

Las cifras de la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje de 2025 indican que nuestros estudiantes de primaria y secundaria no han mostrado avances significativos respecto de los dos años anteriores. Sin embargo, pese a estos resultados, la realidad escolar también nos ofrece experiencias valiosas que merecen ser miradas con atención.

Por eso vale la pena apreciar lo que viene ocurriendo en la institución educativa Salaverry, de Alto Salaverry. En los confines de Trujillo, en esos espacios que alguna vez fueron arenales y que hoy guardan historias de esfuerzo, sucede algo digno de contar. Lejos del ruido de los grandes anuncios, hay docentes que inventan caminos y generan con paciencia, convicción y tenacidad verdaderas revoluciones en sus aulas e instituciones.

SABORES

El año pasado, la I.E. Salaverry ganó el concurso del FONDEP con el proyecto “Pequeños lectores, grandes escritores”, gracias a la iniciativa de un equipo de docentes liderado por la maestra Daysi Ávalos. Ella y su equipo tuvieron la genial idea de asociar la lectura con la alimentación, el texto con el sabor y la experiencia lectora con las sensaciones.

¡Nada más singular que asociar la lectura con una apetitosa mesa! Así nació la idea del buffet literario y del menú lector. ¡La imagen es sencilla, pero poderosa! Los niños y las niñas llegan al aula y encuentran textos como potajes que pueden escoger. ¿No les parece genial?

En una mesita “se sirven” relatos, historias y leyendas; en otra, poesía para niños; en otras, historietas, noticias, instructivos… Esta variedad permite que cada estudiante se aproxime a la lectura desde sus intereses, curiosidades o estados de ánimo. No se impone un único camino: se “ofrece una mesa para escoger y saborear”.

MENÚ LECTOR

Pero, para que la diversidad no se vuelva desorden, la estrategia es planificar un menú lector. Hay un plato de entrada, un plato de fondo, un postre y también algo para llevar a casa o recomendar. La metáfora del menú permite darle orden a la experiencia, pero sin afectar el aspecto sensorial y emocional.

Y esa posibilidad de elegir compromete emocionalmente al lector, porque leer deja de ser una obligación uniforme y empieza a convertirse en una experiencia personal. El docente orienta, acompaña, sugiere; pero el estudiante conserva un margen de decisión. Allí reside la fuerza de esta propuesta: reconocer que el gusto por la lectura no se impone; se despierta, se encamina y se cultiva.

Sin embargo, lo más valioso no se observa únicamente en los estudiantes. Para quienes trabajamos con docentes, resulta esperanzador ver que ellos también empiezan a disfrutar la lectura. Este es un punto crucial, pues una de las grandes limitaciones es que, a veces, quien la promueve no la vive ni transmite ese entusiasmo íntimo que hace posible el contagio. Sin ese espíritu, obviamente, es muy difícil generar y formar lectores.

CONTAGIO

Ese bichito de la lectura se transmite cuando quien la promueve también lo lleva dentro. Y eso empieza a notarse en la I.E. Salaverry. El gusto que las y los docentes experimentan se viene convirtiendo en acciones de mediación lectora. Ellos(as) saben qué pueden ofrecer a sus estudiantes y encuentran formas de guiarlos y acompañarlos en sus viajes lectores.

El docente mediador no entrega un libro; ofrece un camino. Recomienda porque ha leído; sugiere porque ha sentido y acompaña porque reconoce que cada lector necesita, a veces, una invitación distinta. De ese modo, el buffet literario deja de ser una actividad atractiva y se convierte en una forma de relación con los libros y con la comunidad.

CONTEXTO

Pero, ojo: esta propuesta no se reduce al entusiasmo. Esta semana, sus docentes participaron en dos jornadas de capacitación sobre estrategias para promover el gusto, el acercamiento y la conexión con la lectura. Lo interesante de estas jornadas es que no partieron de “recetas” externas, sino de un diagnóstico de su propia realidad. Y eso, en educación, no es un detalle menor.

Con frecuencia se habla de la importancia del contexto como si esta fuera una palabra mágica en los discursos pedagógicos. No obstante, muy pocas veces se le concede el lugar que merece. En la I.E. Salaverry no fue así. Para desarrollar esta jornada, se identificaron tres grandes desafíos: el bajo nivel de lectura de los estudiantes, la escasa participación de las familias en la formación lectora y la falta de recursos para leer.

HORIZONTE

Quizá por eso esta experiencia merece ser valorada. Nos recuerda que la lectura no siempre depende de grandes bibliotecas ni de discursos solemnes. A veces nace de una mesa bien dispuesta, de una invitación amable y de un docente convencido. También de un niño que descubre, entre páginas, que puede elegir, imaginar y decir. En Alto Salaverry, donde el viento del mar se mezcla con la arena y con la memoria del esfuerzo, leer empieza a tener sabor propio. Y cuando una escuela logra que sus estudiantes se acerquen a los libros con libertad, algo muy valioso empieza a trascender.

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