La psicóloga Rebeca Cahui, de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, explica las señales de alerta y las claves para fortalecer los vínculos familiares y proteger la salud emocional de los hijos.
La psicóloga Rebeca Cahui, de la Universidad Católica Sedes Sapientiae, explica las señales de alerta y las claves para fortalecer los vínculos familiares y proteger la salud emocional de los hijos.

La familia constituye el primer espacio donde los niños aprenden a relacionarse con los demás, desarrollar su autoestima y expresar sus emociones. Sin embargo, cuando el hogar está marcado por conflictos permanentes, violencia, ausencia de figuras parentales o falta de comunicación, las consecuencias pueden extenderse hasta la vida adulta.

Según Rebeca Cahui, psicóloga de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS), una familia disfuncional es aquella en la que existen comportamientos que afectan el desarrollo y las relaciones entre sus integrantes.

Entre las señales más frecuentes figuran la comunicación agresiva, las críticas constantes, la violencia física o verbal, la ausencia de apoyo emocional y la falta de normas claras.

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La ausencia de los padres también puede ser emocional

La especialista explica que la ausencia de un padre o una madre no siempre es física. El estrés, las exigencias laborales o ciertos estilos de vida pueden generar una desconexión emocional con los hijos.

“Estar presente significa construir un vínculo basado en la comunicación, la confianza y el tiempo compartido”, señaló.

Según Cahui, esta situación puede afectar la regulación emocional, la empatía, la forma de relacionarse afectivamente e incluso la sexualidad.

Además, combinada con otros factores, podría favorecer la aparición de ansiedad, depresión, dependencia emocional o trastornos de personalidad en la adultez.

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El impacto en las relaciones futuras

Las experiencias durante la infancia influyen directamente en la manera en que las personas construyen relaciones en etapas posteriores de la vida.

Una investigación desarrollada por estudiantes de la UCSS encontró que quienes percibieron una figura paterna ausente durante la crianza tendían a desarrollar estilos afectivos más racionales y evasivos.

Por otro lado, quienes crecieron con una figura materna poco afectiva mostraron una mayor tendencia a relaciones posesivas y caracterizadas por la dependencia emocional.

Asimismo, la ausencia de modelos saludables de convivencia puede afectar la autoestima y las habilidades sociales.

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Señales de alerta en niños y adolescentes

Los especialistas recomiendan prestar atención a algunos comportamientos que podrían revelar que un menor está siendo afectado por una dinámica familiar conflictiva:

  • Búsqueda constante de aprobación.
  • Irritabilidad o resentimiento hacia uno de los padres.
  • Dificultad para expresar emociones.
  • Rechazo a conversar sobre temas familiares.
  • Necesidad frecuente de permanecer fuera de casa.
  • Conductas agresivas.
  • Uso de gritos o violencia para resolver conflictos.

¿Cómo proteger a los hijos?

Aunque las experiencias familiares difíciles pueden dejar huellas emocionales, existen factores que ayudan a disminuir su impacto.

La especialista recomienda que los padres se conviertan en una fuente de seguridad emocional mediante la coherencia entre lo que dicen y hacen.

También considera importante reconocer errores, pedir disculpas y enseñar con el ejemplo que los conflictos pueden resolverse de manera respetuosa.

“El afecto, la comunicación y el respeto son más importantes que la estructura familiar. Un hogar con vínculos saludables puede convertirse en el mejor factor de protección para los hijos”, concluyó.

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