Mitoral II integra el universo mitoral de Teodoro Bernabé. En este libro el mito, la religión, las costumbres y la oralidad representan la condición humana, marcada por pobreza, deseos, injusticias, jerarquías, resistencia y esperanza.
Mitoral II integra el universo mitoral de Teodoro Bernabé. En este libro el mito, la religión, las costumbres y la oralidad representan la condición humana, marcada por pobreza, deseos, injusticias, jerarquías, resistencia y esperanza.

Mitoral II (Nectandra, 2023), de Teodoro Bernabé, no debe entenderse como un libro aislado dentro de la producción del autor. Es, más bien, una nueva estación de un proyecto narrativo mayor: la construcción de un “universo mitoral”, conformado por cuatro volúmenes que dialogan entre sí y que comparten un territorio, unos personajes, unas formas de hablar y, sobre todo, una determinada manera de comprender la existencia. En este universo, los mitos, las leyendas, las costumbres, el dialecto y las creencias de los pobladores de Virú no constituyen simples elementos decorativos del relato; son las herramientas mediante las cuales los personajes interpretan una realidad marcada por la pobreza, el deseo, la injusticia, la fe, la muerte y las jerarquías sociales.

La religión como mecanismo de justicia

En Mitoral II, Bernabé profundiza particularmente en el papel de la religión como mecanismo de justicia y como fuerza reguladora de la conducta humana. En cuentos como “Los toros romanos de San Isidro”, “El milagro de San Isidro” y “Fuga en casa de la Virgen de los Dolores”, la religiosidad popular aparece estrechamente vinculada con las expectativas de los sectores más vulnerables. Frente a una realidad en la que las instituciones humanas resultan insuficientes para garantizar justicia o protección, la fe se convierte en una instancia superior capaz de ordenar el mundo. El milagro, la devoción y la intervención de los santos permiten a los personajes sostener la esperanza de que existe una justicia que trasciende las limitaciones de la vida cotidiana.

Pero el universo de Bernabé no se reduce al cristianismo. En “Jarro” y “El tesoro escondido del cerrito” aparece otra dimensión de lo sobrenatural: aquella vinculada con el mundo pagano, las huacas, los espíritus, los tesoros ocultos y las reliquias. El pasado permanece vivo en el territorio y parece comunicarse con los hombres mediante señales, apariciones y objetos cargados de misterio. De este modo, el espacio viruñero se convierte en un territorio donde conviven distintas capas de la memoria cultural. Lo racional y lo sobrenatural no se presentan necesariamente como opuestos; forman parte de una misma cosmovisión en la que aquello que la razón no puede explicar continúa teniendo una existencia legítima dentro de la comunidad.

La religión, el placer y lo prohibido

Otro de los rasgos sobresalientes del volumen es la exploración de los deseos prohibidos y carnales que habitan en la condición humana. “Los compadres condenados”, “La mala seña” y “El cajero del castillo” muestran personajes sometidos a impulsos, deseos y transgresiones que desafían las normas sociales y religiosas. Bernabé no construye seres humanos idealizados, sino personajes atravesados por contradicciones. En ellos conviven la fe y el pecado; la culpa y el deseo. Esta tensión resulta fundamental para comprender el universo mitoral: el comportamiento humano está determinado por fuerzas que muchas veces escapan a la voluntad individual.

Las costumbres y tradiciones religiosas constituyen, asimismo, una forma de identidad colectiva. En “La lección de sacramento” y “La llegada del Señor de la Sangre”, las prácticas religiosas aparecen incorporadas a la vida cotidiana de los habitantes de Virú. La celebración, el rito, la procesión y la devoción forman parte de una memoria compartida que permite a la comunidad reconocerse a sí misma. En este sentido, Bernabé realiza una importante labor de preservación literaria de un patrimonio cultural que podría desaparecer frente a los procesos de homogeneización cultural.

Sin embargo, la vida de los personajes está condicionada también por las jerarquías sociales. En el mundo narrativo de Mitoral II, la posición que cada individuo ocupa dentro de la comunidad determina en buena medida sus posibilidades, sus relaciones y su destino. El individuo parece enfrentarse a una estructura social que lo precede y que establece las reglas de su existencia. Este determinismo social dialoga con el determinismo religioso y mítico: los personajes están sujetos simultáneamente a las normas de la comunidad, a las creencias heredadas y a unas circunstancias materiales que restringen su libertad.

La festividad popular de Mitoral II

Frente a esta existencia difícil aparece otro rasgo característico de la narrativa de Bernabé: la picaresca y la viveza popular. Sus personajes encuentran maneras de sobrevivir mediante la astucia, el ingenio y la capacidad de sortear las dificultades. La fiesta adquiere, en este contexto, un significado especial. No es únicamente celebración: constituye una forma de evasión y consuelo frente a una vida marcada por la precariedad. El pueblo ríe, celebra, bebe, cuenta historias y participa de sus rituales porque necesita crear espacios de felicidad dentro de una realidad adversa. Esta riqueza temática se corresponde con una escritura profundamente arraigada en la oralidad. Cronwell Jara ha señalado que “en Teodoro Bernabé superviven el espíritu de los mitos y leyendas propios de su región como no se da en ningún otro escritor”.

Mitoral II es, finalmente, un libro sobre Virú, pero también sobre aquello que hace vulnerable y contradictorio al ser humano. Sus habitantes padecen pobreza, deseos, injusticias, miedos y determinaciones sociales, pero encuentran en la fe, el mito, la fiesta, la memoria y la astucia formas de resistir.

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