Pero el mismo Vallejo, años más tarde, se dirigiría a los “hombres humanos” y declararía la exigencia de la acción colectiva, insistiendo que hay, sin duda, muchísimo que hacer.
Pero el mismo Vallejo, años más tarde, se dirigiría a los “hombres humanos” y declararía la exigencia de la acción colectiva, insistiendo que hay, sin duda, muchísimo que hacer.

Joseph Mulligan es docente en Weber State University, en donde dicta clases de literatura latinoamericana, memoria colectiva e historia intelectual. Es editor, crítico y traductor de César Vallejo: “Contra el secreto profesional” y “Escalas”. Recientemente visitó Trujillo para participar en el IV Encuentro Internacional Vallejiano: Espergesia 2026, con la ponencia: “Qui potest capere capiat: César Vallejo y la defensa de la oscuridad”. Respondió la entrevista:

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¿César Vallejo defiende la oscuridad?

Los lectores de Vallejo tropezamos en algún momento u otro, es decir, el desafío interpretativo que resulta, por un lado, de su lenguaje rebuscado, y por el otro, de las imágenes raras pocas usuales que aparecen en su poesía. Me refiero a la oscuridad estética, al hermetismo, a la dificultad de los textos vallejianos. Numerosos investigadores han intentado iluminar o aclarar ese lenguaje y esas imágenes. De hecho, no hacen falta investigaciones monográficas que no solo “interpretan”, sino que “hacen toda una exégesis” del lenguaje poético utilizado por Vallejo. Tampoco es de extrañar, porque en su poesía –como dijo Julio Cortázar en otro contexto–, el lenguaje se rebela contra el lector. El lenguaje oscurecido problematiza los procesos de significación y pone en duda las mismas estrategias de lectura, de modo que el lector acaba preguntándose, ¿qué hago? ¿qué significa esto? ¿cómo me aproximo a un texto que se rebela contra mí? Luego, cuando, esas preguntas no hallan respuestas satisfactorias, surge otra inquietud más consecuente: ¿por qué, en esta poesía, se hiperbolizan los elementos expresivos en detrimento a los comunicativos? ¿Por qué esta predilección por el oscurecimiento poético?

¿Cómo debemos entender el mensaje Vallejiano?

Por lo que llevo dicho, ya podemos vislumbrar una contradicción que atraviesa la vida y obra de César Vallejo: el culturalismo hermético coexiste con el compromiso social, la expresión con la comunicación, la oscuridad con la claridad. En el epígrafe de “Los heraldos negros”, Vallejo recontextualiza la cita bíblica de Mateo “qui potest capere capiat” [el que es capaz de entenderlo, que lo entienda] para anunciar su compromiso a la poesía culturalista, al hermetismo, a la expresión literaria indiferente al público que la recibiera. Pero el mismo Vallejo, años más tarde, se dirigiría a los “hombres humanos” y declararía la exigencia de la acción colectiva, insistiendo que hay, sin duda, muchísimo que hacer. He aquí una poesía al servicio de la acción social.

Los críticos aceptan y discrepan…

Algunos críticos prefieren explicar estos dos polos opuestos como fases evolutivas que marcan el proceso de maduración intelectual del poeta, pero esa explicación me parece insatisfactoria porque la misma contradicción se percibe en un mismo texto, como, por ejemplo, en los poemas de “España, aparta de mí este cáliz”, donde el yo lírico aprovecha de todos sus recursos poéticos, no para animar a los combatientes voluntarios a que venzan a los falangistas, sino para solicitar la solidaridad de los intelectuales dotados con las herramientas interpretativas necesarias para aproximarse a la complejidad poética del poemario. Dicho sin pelos en la lengua, el poemario es una obra literaria cuyo público destinatario no consistía en los voluntarios republicanos que protagonizan los poemas, sino en los lectores culturalistas que, como el mismo Vallejo, sentían ansiosos de solidarizarse con los combatientes.

¿Podemos hablar de la espontaneidad creadora?

En estas palabras podemos identificar parte del motivo por el que Vallejo defendía la oscuridad en la poesía moderna en la medida en que insiste en el valor de la espontaneidad creadora. Quizás no lejos del concepto surrealista de la “escritura automática”, esta espontaneidad Vallejo la eleva por encima de cualquier forma poética preestablecida. Un poeta auténtico, según esta idea, no decide escribir un poema de tal o cual manera o sobre tal o cual tema. No se proyecta. No planifica. La poesía no es producto de la voluntad del poeta. Más bien, el poeta es el medio verbalizante por el cual atraviesa la poesía, de modo que en la creación poética el poeta actúa casi como un músico que toca en su instrumento una canción improvisada e irrepetible.

Es una apertura más que una contradicción.

Esta contradicción que existe en el autor que proclama “qui potest capere capiat” y que se compromete socialmente a la solidaridad con los hombres humanos apareció en un momento histórico cuando el lenguaje carismático empezó a utilizarse en la propaganda política por un lado y en las publicidades comerciales por otro lado. Ambas aplicaciones del lenguaje carismático presentaron nuevas amenazas a Vallejo, un intelectual todavía creía que el poeta jugaba un papel indispensable para la nación, o, al menos, para el pueblo.

¿Cuál es la conclusión?

De modo que la oscuridad poética de Vallejo resistía la expansión del mercado capitalista y su vocabulario publicitario con el empleo de un idioma culturalista, y, paradójicamente, ingresó en ese mercado por necesidad económica, donde se vio obligado a competir con los periodistas profesionales, por lo que buscó distinguirse de los demás reporteros con la autoridad de su propia producción poética.

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