El acoso escolar puede pasar desapercibido incluso para los padres más atentos. Una especialista revela qué señales observar y cómo actuar.
El acoso escolar puede pasar desapercibido incluso para los padres más atentos. Una especialista revela qué señales observar y cómo actuar.

Miles de niños y adolescentes sufren bullying en sus colegios o dentro de su círculo de amigos, y detectarlo a tiempo no siempre es fácil para los padres.

Los menores muchas veces no cuentan lo que les está pasando por miedo, vergüenza o porque sienten que nadie los va a entender. Por eso, la observación constante se convierte en la herramienta más importante que tienen los adultos para identificar si algo está ocurriendo entre los pequeños de casa.

Para Carol Núñez Vélez, psicóloga y comunicadora, la clave está en notar los cambios.

“Si un niño que normalmente está contento, en su rutina normal, empieza a estar triste, se muestra irritable, no quiere ir al colegio y comienza a perder interés por cosas que antes disfrutaba, debemos preguntarnos qué está pasando”, señala la especialista.

También advierte además que lo importante es identificar si esos cambios persisten en el tiempo. “Se trata de observar si los cambios se mantienen y no alarmarse”, precisa.

Las señales pueden manifestarse en distintas dimensiones. En lo emocional, el menor puede volverse más sensible, aislarse, dejar de juntarse con sus amigos o irritarse por situaciones que antes no le afectaban. En lo físico, pueden aparecer problemas de sueño, pesadillas o dolores de cabeza frecuentes.

En lo académico, el rendimiento baja y el niño muestra resistencia a ir al colegio. Núñez Vélez también advierte que empezar a perder o romper sus pertenencias con frecuencia es otra señal de alerta.

Una vez identificadas las señales, el primer paso es crear un espacio de confianza. “Hay que escuchar al niño con calma, darle la confianza necesaria para que pueda contar, sin juzgarlo y presionarlo; una conversación amable, cálida que lo invite a hablar”, indica la especialista. Paralelamente, los padres deben comunicarse con el colegio y los profesores para conocer lo que está ocurriendo e intervenir a tiempo. “El niño necesita saber y sentirse seguro que no está solo, que los adultos están para cuidarlo y protegerlo”, remarca Núñez Vélez.

La prevención viene de casa

Según la psicóloga, la prevención comienza desde casa con el vínculo afectivo.

“Un niño que crece con un vínculo afectivo sano y de confianza, sintiéndose querido, escuchado, desarrolla mayor seguridad en sí mismo y aprende a relacionarse con los demás desde el respeto”, explica.

También aclara que el apego seguro no garantiza que un menor no sufra bullying, pero sí le da mejores herramientas emocionales para pedir ayuda, poner límites y confiar en los adultos que lo rodean.

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